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sábado, 18 de noviembre de 2017

Lágrimas de felicidad


Y la Navidad a la vuelta de la esquina


- Hola, guapísimo ¿qué tal estás?
- Bien ¿y tú?
- Pues bien, gracias. ¿Sabes? quería salir hoy de compras para mirar si encontraba lo que me pediste el otro día, aquella bolsa de Nintendo, pero había una manifestación por el centro y lo he dejado para otro día. No te importa ¿verdad? como aún hay tiempo hasta Navidad...
- Sí, precisamente quería decirte que no la compres, hemos descubierto con mamá por internet otra más barata, que también es chula, y como ahora ya sé lo de los Reyes, pues me miro el precio y no hace falta que compres la cara.
- Tranquilo, no te preocupes, que como también está tu cumpleaños tienes  derecho a varios regalos, así es que ¡aprovecha!
- Es que es muy duro tener que elegir -me dice el peque - porque tengo que pedir regalos para San Nicolás,  para mi cumpleaños, para Reyes, y como hay muchas cosas que están bien y me gustan... Pero es que no puedo pedir demasiado y tengo que elegir... eso es duro.

- Oye ¡que te quieran regalar cosas no es duro! Lo duro es lo que me pasa a mi, que nadie se acuerda de regalarme nada para mi cumpleaños. Menos este año, que era un cumple especial y he dado mucho la lata...
- ¿Sabes, yaya? no te preocupes, yo voy a empezar a poner dinerito aparte y así cuando llegue tu cumpleaños podré comprarte un regalo.
-¡Que bueno eres! Y no me hagas caso, cariño, que me quejo sin razón. Yo ya tengo cada día el mejor regalo del mundo, que eres tú y tu primo G. solo que con él todavía no se puede charlar de nada, que es pequeñín y no dice ni mamá, pero contigo puedo hablar de todo. Bueno, no te preocupes por mi y ves pensando en lo que te interesa. Por cierto, ahora no quiero molestar a mamá, que se que tiene trabajo, pero la llamaré otro rato para ver si ya tenéis planes para estas Navidades ¿te han dicho si vendréis con nosotros esos días?
- Sí, casi seguro que vamos a ir, pero no se sabe exactamente cuando.
- ¡Que alegría! ¡que contenta estoy! -le digo toda exaltada
- Yaya, que te conozco y vas a llorar por estar contenta...
- Pero eso no es malo, llorar de felicidad da mucho gustirrín.
- Como quieras. Ya te llamaré mañana. Y piensa que G. empezará a hablar pronto y también podrás contarle cosas. Buenas noches y ¡felicidades!
- Y ahora ¿por que me dices felicidades?
- Pues por las lágrimas de felicidad que se que estás llorando.
- ¡Cómo me conoces! Buenas noches, tesoro mío.
- Besitos, yaya.

lunes, 6 de noviembre de 2017

El video juego que no llega


Lanzamiento anunciado para finales del 17 principios del 18...



Resumen de las cuatro conversaciones telefónicas que tenemos efectuadas mi nieto y yo con el mismo tema del videojuego...
- Hola guapísimo, creerás que soy un poco tontorrona porque no hago los encargos que me pides, pero es que me pides cosas muy raras...
- ¿Por qué dices eso?
- Porque el otro día me pediste un video juego del 2009 que ya está descatalogado y no lo venden en ningún sitio, y ahora me has pedido uno que aún no lo venden en las tiendas.
- Ese es el problema, por eso te lo he pedido a ti.
- Pero ¿cómo voy a comprarlo si no lo venden?
- Bueno, lo venden en Japón.
- Pero, hijo mío, ¿no querrás que vaya a Japón a comprártelo?
- No, - dice mi peque riendo- pero cuando salga en España puedes comprarlo. A lo mejor te lo pueden reservar en la tienda, porque el día que salga habrá mucha gente que querrá comprarlo y se acabarán enseguida.
- Ya se lo he preguntado a la dependienta, pero no pueden reservar hasta que no sepan cuando les llega y aún no saben cuando lo tendrán. Me ha dicho que seguramente el lanzamiento será a finales de año, para las Navidades.
- Pues aquí en Bélgica oí que lo lanzarían en junio...
- ¿En junio? ¡que bárbaros! ¿y avisan con tanto tiempo?
- Sí, es que será muy bueno. Yo prefiero esperarme a que salga ese... Aunque si quieres comprar alguno ya, puedes hacer una cosa: ¿tienes todavía el papel con el nombre que te dicté?
- Sí, lo guardo como si fuera un tesoro.
- Pues mira, puedes borrar... bueno, ¡no borres nada! pon con paréntesis lo de Bing-Bang supernova y compra el video juego que se llama Galaxi y todo lo otro que te dije, así ya tendremos algo.
- Buena, idea, más vale conformarse con lo que hay, que no tener que esperar tanto para el lanzamiento.
- Gracias, yaya, eres la yaya más super super super que conozco. 
- Venga, ratoncito, que tienes mucha suerte porque tienes no una, sino dos yayas super super super. Un abrazo cariño.
- Buenas noches yaya, besitos.
- Buenas noches. Te quiero. 

viernes, 6 de octubre de 2017

Va de centrales nucleares





Peligros naturales, y otros…

Las conversaciones con mi nieto de 7 años van aumentando de "contenido" día a día. Lejos quedan las disquisiciones sobre quien es el animal más rápido de la selva, cuál de sus peluches se porta mejor o que varita de Harry Potter es la más bonita. Ahora tocamos temas de actualidad, y los analizamos a fondo.
- Hola cariño -le digo
- Hola, yaya
- ¿Has visto lo que ha pasado en Méjico? Y a tu tío le ha pillado bien pillado, pues acababa de llegar allí.
- Sí, pobre tío D. un terremoto tiene que dar mucho miedo, y es triste.
- Bueno, ahora ya está de vuelta a casa.
- Sí, pero en esos países tienen problemas, porque hay terremotos y huracanes -me dice.
- Sí, de vez en cuando pasa... Bueno, allí en Bélgica no os llegan, podéis estar tranquilos -le digo para desdramatizar.
- No creas, también tenemos problemas.
- ¿Cómo cual? - le pregunto.
- Pues es una cosa poco simpática que nos han hecho los alemanes - me dice muy serio.
- ¿Los alemanes? ¿qué os han hecho?
- Ya hace unos años han hecho una central nuclear justo al lado de la frontera de Bélgica... Y los humos vienen a Bélgica.
- ¡No me digas! ¡Que frescos! ¿Y eso está permitido?
- No lo se, pero no es muy simpático por su parte... además, un día puede haber un accidente y el problema será para nosotros (me dice la voz del sentido común). 
- ¿No podéis hacer nada?
- Se puede protestar.
- Sí, guapísimo. Menos mal que no tenéis terremotos y no es fácil que ocurra ningún accidente... Más vale no pensar desgracias. Vete tranquilo a la cama y les das un besito a todos los dudús de parte de la yaya y dormid tranquilitos. Te quiero, tesoro. Buenas noches.
- Buenas noches. Yo también te quiero. Besitos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Un mal sueño

... como la vida misma



Más que soñar, ha sido como verme en un espejo donde la mirada, traspasando carnes y huesos, llegaba al núcleo del alma, suponiendo que tenga núcleo... Voy a contar de qué va el sueño de hoy, pero llamaré Lela a la protagonista, para evitar llevarlo a un terreno demasiado personal.
 La Lela tenía dos hijos, un chico y una chica, maravillosos. Ya tenían más de 40 años. La nuera de la Lela era maravillosa, y el yerno también, maravilloso. Gracias a Dios, sus nietos eran preciosos y estaban sanos. Todo era maravilloso.
La Lela estaba triste ¿qué tenía la Lela? pues que estaba muy blandita, cualquier cosa la hacía llorar. Ya procuraba ella entretenerse con actividades y aficiones varias, pero no podía dejar callados el montón de miedos que la asaltaban. El problema principal era la salud, sobre todo el que las piernas no le funcionaban bien y, en fin, otras cosillas que no vienen al caso.
Como tampoco es que le gustara ir de víctima por la vida, pues la Lela procuraba cumplir con sus obligaciones y llegar donde se esperaba que llegara. No obstante, quizás fuera por el esfuerzo al que se sometía o simplemente porque estaba un poco deprimida, nuestra protagonista se volvió extremadamente sensible a los reproches y críticas de su familia, que eran los únicos que se las hacían, todo hay que decirlo... Y llegó un momento, que le pareció tan injusto que se le diera la culpa de todas las cosas malas que pasaban por el mundo, que medio enloqueció, lo digo sin exagerar, tal cual suena.  
Llegó el verano y resulta que la Lela había quedado en reunirse con toda la familia unos días en su pueblo. Y le hacía tanta ilusión, que contaba los minutos que faltaban para poder abrazarlos a todos. Ahorraré prosa sobre toda la energía e ilusión que la Lela desplegó para que la familia pudiera pasar unos días felices juntos. Pero, algo se torció. Fueron un par de llamadas telefónicas, algún reproche... nada grave, solo varias tonterías juntas, el caso es que los ánimos se enfriaron, y cuando llegó el día "D", pasó lo siguiente:
Cogió la Lela el autobús Barcelona-Barbastro, donde tenía que pillar otro con dirección Benasque, pero como nuestra protagonista tenía la cabeza a punto de explosión, el corazón muy agitado y muchas ganas de llorar, sin que fuera nada premeditado, se oyó a si misma pidiendo en la taquilla de la estación un billete para Boltaña. Después, desconectó el teléfono. Cuando llegó a su destino, pidió un taxi y se fue más lejos, y encontró una habitación en un hotelito en plena montaña, se tumbó en la cama, y pensó que al fin podría estar tranquila. Y la verdad, hay que decirla, es que lo estuvo, porque aunque parezca imposible, no pensó en nadie de la familia, se borró todo el mundo de su mente.
Allí estuvo dos días, hasta que la dueña del hotel le pasó una llamada. Era de uno de sus hijos, que le preguntó:
- Mamá ¿tú sabes lo que has hecho?
Ella no contestó nada, porque la respuesta le parecía obvia: sí, lo sabía. Evidentemente, le hubiera gustado más que le preguntara algo así como ¿estás bien? ¿qué te pasa? etc. pero no dijo nada, estaba cansada.
- Mamá, no te muevas de ahí, te vamos a buscar inmediatamente, pero que sepas que no hay derecho que no hayas hecho sufrir tanto...
Entonces ella, con la lucidez que le quedaba, pensó: si en cuarenta y pico años ejerciendo de madre y esposa sin haber hecho nada especialmente reprochable, ya me he tenido que tragar algunas broncas, ¿qué me espera ahora, que, reconozco, he hecho una barbaridad de las gordas?
Decidió actuar. Le dijo a la dueña, que la tenía bajo observación todo el rato desde la conversación telefónica, que iba a recoger sus cosas a la habitación, y cuando la dueña relajó la guardia y se ausentó un momento del hall, la Lela salió del hotel sin que nadie la viera. Siguió un cartel que ponía "Camino forestal", y cuando le apeteció lo dejó y salió de él y se internó en el monte. Y caminó, caminó mucho, y cuando al fin se sentó, ya se estaba haciendo de noche. Lela tenía frío y no sabía si quería que la encontraran o no, bueno, más bien que no... Y, como si fuera una niña pequeña, se acurrucó como pudo sobre el suelo y empezó a llorar y llorar mientras decía papá, papá.
Y así me desperté, con los ojos llenos de lágrimas. ¡Jo! y ahora ¿como voy a salir de casa con esta cara?   
     

martes, 5 de septiembre de 2017

Lecciones de economía


Nada de regalos...

Han pasado las vacaciones y lo mejor de estos días ha sido que he podido estar con mis nietos (¡y demás familia!). Ahora que ya los tengo otra vez lejos, he pensado que no es cuestión de hacerse la pesada y querer hablar con ellos por teléfono cada día. Mi nieto mayor, con sus  7 años tan bien llevados, ya tiene sus actividades y distracciones propias, y no quiero interrumpirle cada tarde para preguntarle qué tal está... Dicho esto, si tengo cualquier "excusa", por pequeña que sea, le llamo. Como, por ejemplo, anteayer.
- Hola, cariño -le digo.
- Hola, yaya.
- ¿Te interrumpo algo?  
- No importa - me contesta muy educado- estoy haciendo una partidita con un vídeo juego, pero puedo continuar después. Ya estoy en el nivel 29...
- Perdona, te dejo enseguida, es que quería preguntarte una cosa. Hoy en el supermercado me han regalado unos cromos de Disney, y creo que también se pueden conseguir peluches. Quería saber si te apetece coleccionarlos o ya eres mayor para eso.
- ¿Son los de los coches? Aquí los daban el año pasado... No, no hace falta que me los guardes.
- De acuerdo, es que como los regalan he preferido preguntártelo -le digo.
- Yaya -me dice en plan profesor paciente- a ti te parece que te los regalan, pero no te los regalan: los pagas. Tienes que comprar una cantidad en el super, y te dan un sobre solo si gastas 10 ó 15 euros. Tú piensas que no te cuestan dinero, pero te has gastado dinero.
- ¡Ostras! -digo lo más inocentemente posible - ¡no se me había ocurrido!    
- No te preocupes, eso le pasa a mucha gente -me dice para consolarme- oyen que regalan cromos y piensan que no cuestan nada, pero no es verdad. Bueno, si quieres puedes guardármelos para mis amigos, que aún no han terminado el álbum.
- Eso está hecho, cuando tenga varios sobres te los mando. Y gracias por lo que me has explicado.
- A mi también me lo explicaron, no lo sabía. Buenas noches yaya.
- Buenas noches, guapísimo.  


viernes, 28 de julio de 2017

En la copa de los árboles



La historia de mis sueños
la escribí en la copa de los árboles,
y los días de viento
caen trocitos sobre los coches,
y los días de lluvia
se mojan las palabras
y resbalan por las hojas
y por los troncos
hasta la calle. 
La historia de mi vida
la diluí en un vaso de agua grande
y puse azúcar
y un poco de limón,
y se la doy a mis hijos
gota a gota,
siempre que puedo,
para que beban de lo mío
y prolonguen mi existencia
en su pensamiento,
hasta que también ellos
se acaben.




sábado, 22 de julio de 2017

La pesadilla de la protección de datos


¿y quién me protege a mi? 


Lo de esta noche ha sido ha sido una pesadez, además de pesadilla. El sueño que os voy a comentar ha sido el último antes de despertarme, por eso me estoy acordando todo el día y no me lo puedo sacar de la cabeza... Bueno, para ser sinceros, a esta hora de la tarde ya me estaba olvidando, pero lo quiero escribir para que eso no ocurra.
Habíamos llegado a Bruselas mis padres y yo (ellos no estuvieron allí jamás). Y como los sueños tienen la gran ventaja de ser atemporales, bueno, que no se tiene noción del tiempo, esta noche ellos tenían la edad que tenían cuando fallecieron, y yo la que tengo ahora (mayor que ellos) y todos tan contentos.
Hemos llegado a un gran hotel en el mismísimo Rond Point Schumman, nos hemos registrado y les he acompañado a su habitación. Una vez instalados, y en lugar de ir a hacer lo mismo e irme a la mía, les he dicho a mis padres que me iba un momento a ver a mis amigas Carmen y Rosy que estaban en otra habitación, y que enseguida volvería a buscarlos.
De la visita a mis amigas no me acuerdo de nada, pero sí que al querer regresar a buscar a mis padres, resulta que me había olvidado del número de la habitación, así es que he bajado a recepción a preguntar.
Allí en el mostrador de recepción había varias señoritas atendiendo a los numerosos clientes, que hacían interminables filas para registrarse. Me ha llamado la atención que los empleados del hotel llevaran unos uniformes tipo militar. Para no tener que esperar tanto rato, he preguntado amablemente a la señorita que tenía menos gente esperando:
- Disculpe, ¿puedo hacerle una pregunta?
- No, tiene que ponerse en la fila y esperar su turno -me ha dicho con tono autoritario.
Me he colocado en mi sitio y cuando me ha tocado mi turno le he dicho:
- Me he registrado con mis padres hace un par de horas, pero ahora no recuerdo el número de su habitación ¿podría decírmelo, por favor?
- No, no puedo -me ha contestado con cara de pocos amigos. Eso es cuestión de protección de datos.
- Perdone, son mis padres. Me están esperando...
- Llámeles al móvil y pregúnteles.
 - No tienen móvil, son mayores, me necesitan. Me están esperando...
- Lo siento, son datos que no puedo dar. Siguiente, por favor.
Como soy una persona bastante obediente y que no me gusta armar jaleo, me he retirado unos pasos del mostrador y me he puesto a pensar. Bueno, eso es mucho decir ¡a imaginar! pues me angustiaba preguntándome ¿cómo estarán mis padres? ¿que pensarán al ver que pasan las horas y yo no vuelvo a buscarlos? 
Al final he decidido colocarme en otra fila. La he seleccionado porque el chico que la atendía tenía cara amable. He esperado más de media hora, porque tenía delante de mi dos japoneses pero, cuando ha llegado su turno, han empezado a aparecer paisanos suyos por todas partes. Se ve que era un autobús y solo hacían fila dos responsables ¡que rollo! ¡esto sí que es colarse!
Finalmente me toca a mi. Me he mentalizado: en la guerra como en la guerra, yo me quería hacer oir y tenía que actuar. 
- Por favor -le pregunto con toda a amabilidad del mundo al chico sonriente -¿puede decirme en qué habitación están mis padres? me están esperando y he olvidado el número.
- No, lo siento, -me responde sonriendo- no podemos facilitarlo. Es por la protección de datos...
Y cuando estaba a punto de gritar ¡policía! ¡a mi, policía! se me ha encendido una luz en la cabeza:
- Por favor, ¿puede llamarlos, para que hable yo con ellos?
- Desde luego, señora, ¿cuál es el nombre de sus padres? Le paso la comunicación...
¡Seré tonta! ¿Por qué he sufrido tanto si la solución era tan sencilla? ¿Por qué la imbécil que me ha atendido (desatendido) antes no me ha ayudado a encontrar la solución? ¿Por qué me angustio tanto por nada? ¿Por qué los sueños son tan retorcidos?