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martes, 18 de octubre de 2016

Capítulo 5


Capítulo 5º

Barcelona


Llegué a Barcelona con el autobús que hace regularmente el trayecto Huesca-Barcelona y, puedo decir, que ahora comprendo cómo se sienten los famosos cuando todo el mundo les mira. Me sentía observada continuamente. El chófer, al pedirme el billete, me miró con un recelo poco disimulado, igual pensaba que iba a sacar un kalashnikov para empezar a cargarme a los pasajeros. La señora que tenía que sentarse a mi lado, le dijo en voz alta al conductor que se cambiaba de sitio para tener más espacio y “respirar mejor”, alusión a mi persona que el hombre cogió al vuelo pero que yo sigo sin entender, porque no se relacionar para nada sus pulmones con mi presencia.
Bueno, refugiándome en los crucigramas, dameros, sopas de letras, etc. conseguí llegar a Barcelona ignorándolos a todos. Hasta eché una cabezadita en mi asiento.
Nada más llegar al piso, me tumbé en la cama porque estaba muy cansada, pero como no me sentía muy relajada, me puse a mirar los periódicos que me habían traído Pedro y Marisa a casa por la mañana, y que publicaban la famosa foto. Leyendo las barbaridades que decían, aún no sé cómo los pasajeros del autobús no me lincharon. Según publicaban, habían sabido por fuentes bien informadas (Sánchez) mis vinculaciones con el terrorismo (chico cadáver de la cocina y de la foto conmigo, más Fátima, su novia), aunque había quien tenía la teoría (Sánchez) de que la que suscribe era un caso típico de una asesina en serie.
Hasta aquí hemos llegado, pensé. Hay que reaccionar ¡ya!. Reflexionemos… y clavé mi mirada escrutadora en la foto del escándalo.
¿Quién es este joven? ¿ dónde estaba hecha la foto? ¿ por qué demonios no ofrecen la foto entera? Inmediatamente llamé a Sánchez. Me costó perder bastante tiempo con una y otra espera, pero finalmente pude hablar con él.
- Hola, Sr. Sánchez, tal y como Vd. me aconsejó (¡mentira!) me he marchado de casa unos días. Estoy en Barcelona, a ver si descanso un poco. Lo que le agradecería mucho es que me enviara, hoy mismo, por correo electrónico, la foto original que se ha publicado en los periódicos, es decir, que se vea todo lo que hay en esa foto.
- No sé por qué tiene Vd. tanto interés en esa foto -me dijo con toda la desfachatez del mundo- porque básicamente lo que se ha publicado es todo lo que se ve en ella.
- Sr. Sánchez, es muy importante para mi verla entera, completa, a lo mejor veo algún pequeño detalle que me ayude a ubicarla, en el tiempo y en el espacio.
- Si eso le ha de solucionar sus problemas –me respondió- ya ordenaré que se la envíen.
- Sr. Sánchez, la necesito hoy, ahora, cuanto antes. Prométame, por favor, que me la va a mandar hoy.
- Haré lo posible.
- Muchísimas gracias, confío en Vd. (otra mentira).
- Eran las 4 de la tarde, pensé que de momento no podía hacer nada más y, ahora sí, me entró la somnolencia y me quedé dormida. 
Cuando me desperté ya eran las 8 de la tarde pasadas y me di cuenta que no había comido en todo el día. También constaté que no tenía nada comestible que pudiera llevarme a la boca (no me apetecía hacerme pasta, arroz, etc.) y lo último que quería era volver a salir al mundo y aguantar miradas impertinentes, así es que pedí algo para cenar. Para que el repartidor no me reconociera, que no me extrañaría nada, pedí comida china, a ver si había suerte y la repartía un chino/a, pues no creo que él, o ella, se interesaran por lo que pasaba en Huesca.
Mientras esperaba la cena, abrí el ordenador para ver si había noticias de mis hijos y, para sorpresa mía, porque me había olvidado de este asunto completamente, vi un mensaje de Sánchez, enviándome la famosa foto completa. Hasta escribiendo destilaba veneno. Decía el texto: “Adjunto la foto solicitada, espero que facilite la identificación de su amigo”.
Abrí como una loca el anexo y allí estaba la solución de un dilema y el principio de otro.
La foto mostraba tres rostros sonrientes. A la izquierda, se podía ver a mi amiga Claudine. A la derecha estaba yo. Y en el centro, pasando su brazo alrededor nuestro, en actitud alegre y de camaradería, se encontraba el joven asesinado. La clave estaba detrás nuestro, donde podía verse una mesa de stand de feria, llena de libros y papeles y, colgadas por los murales, láminas con árboles genealógicos. Yo también tenía en casa fotos de aquél día, aunque no aparecía el chico.
Aquellas imágenes fueron tomadas en un Encuentro de genealogía en el que participaba el Círculo al que yo pertenecía. Fue un domingo, y Claudine y yo tuvimos que estar en el turno de la mañana. No recuerdo exactamente el nombre de la localidad, pero estaba cerca de Bruselas. Recuerdo que cuando preparamos nuestro stand, entre los libros y trabajos de nuestros socios coloqué un libro que yo había escrito sobre historia local, que concernía a algunos pueblecitos de los Pirineos. Y recuerdo, que varias personas de las que nos visitaron se interesaron por el trabajo, porque tenían antepasados españoles. No me acordaba de nada más, pero mi corazón latía a mil por hora porque tenía la corazonada que en aquella foto estaba la clave. Pensé que tenía que contactar con Claudine inmediatamente.
A pesar de la hora que era, demasiado tarde para llamar a un belga, decidí hacerlo, pero no obtuve respuesta. Bastante desesperada, seguí llamando hasta las once de la noche, pero no conseguí nada, así es que decidí aparcar el tema para el día siguiente. De momento, y entre llamada y llamada, el chino, la cena, etc le escribí un mensaje a Sánchez para decirle donde estaba tomada la foto. No tuve respuesta, comprendí que no era buena hora.
Localizar a Claudine no fue fácil, pero gracias a algunas buenas amigas que teníamos en común, al final lo conseguí. Se había cambiado de piso, aunque seguía en su barrio, prácticamente en la misma manzana. Una vez que pude ponerme en contacto con ella, le pregunté si se acordaba de cómo nos fue aquél día del Encuentro de Genealogía y si recordaba alguna anécdota, etc. Casi me arrepentí de haberle dado semejante oportunidad de hablar, porque la aprovechó. Después de rememorar mil aventuras e incidentes que nos ocurrieron aquellas pocas horas, en las que estuvimos como responsables en el mostrador de nuestro Círculo, espontáneamente sacó a colación a aquél “jeune garçon” que se quedó tan emocionado al descubrir en mi libro el árbol genealógico de su familia. Le pregunté si recordaba cuál era su apellido y, aunque me dijo que sí, en aquél momento no le venía a la cabeza... Ya me estaba poniendo muy nerviosa cuando, de repente, me dijo, primero en español:
- Se llamaba Antoine Lemonier - después, se lanzó en su lengua - Oui, je me rapelle très bien puisque j’ai des amis avec ce prénom. Mais il a cherché dans ton travail le prénom de sa mamá. Ses grands-parents maternelles. Ils sont arrivés à la France depuis la guerre d’un petit village pas loin de ton village, toi, tu ne te souviens pas de cette histoire? Il a été emu quand il a trouvé toute sa branche familière dans ton livre. Il nous a fait des photos, tous les trois ensemble.
¡Sí! Ya me acordaba de todo, bueno ¿de todo? Era un joven muy amable, aunque tímido, que se había empezado a interesar en genealogía hacía poco ¿Qué apellido tenía su madre? ¿De qué pueblo eran sus abuelos? Claudine ya me había dado toda la información que tenía, ahora era yo la que tenía que espabilar y buscar alguna luz en la memoria. Y de repente me vino más que una luz un rayo superluminoso: era Mur, su apellido era Mur, estaba segura. Del pueblo no había manera de recordar nada, no tenía ni idea cuál era, pero seguramente la solución podía dármela aquél libro.
Lo localicé enseguida y fui corriendo a ver el apartado de los Mur, donde había más información que en la BBC. Varias ramas familiares, tal vez descendientes de un solo tronco, tenían casa solariega en Plan, Serveto, Sin, Foradada, Barbaruens, Chía, Campo…  Repasaba una y otra vez los nombres de las personas, de los lugares, y no conseguía relacionarlos con el Tony Lemonier, pero estaba segura que cuando menos lo esperara, descubriría la conexión. Los días siguientes fueron de una actividad frenética, sin salir de casa. Muy resumido, diré que consulté listas de naturalización de aragoneses en Francia, censos de los pueblos de la provincia, datos varios que tenía sobre ese apellido, matrimonios en los archivos departamentales franceses… Mi buena amiga Claudine, hacía la investigación de calle en Bruselas: con la foto del difunto, preguntaba a funcionarios españoles y franceses que frecuentaban nuestro Círculo, a otras asociaciones de genealogía que asistieron a aquél Encuentro… Visitó el Consulado y no sé cuántas otras cosas hizo, que me explicó con detalle, pero que yo ya no podía “absorber”, porque estaba desbordada.  Al cabo de nueve días, creo, recibí una llamada suya:
- Teresa ¡sourprise! ¡j’ai trouvé!
- No puede ser ¿estás segura? ¿qué has encontrado exactamente? -le dije, con el corazón en un puño y sin poder concretar ninguna pregunta de tantas que quería hacerle.
- Bien sûr que j’ai la certitude de tout ça que je te raconte, toi me connais très bien, j’aime bien arriver à la fin de mes recherches et bien verifier tous les donnés, et je peux te dire que le jeune garçon de notre photo c´est bien lui.
- Claudine, ¿estás en tu casa? Te llamo yo y me lo explicas todo, pero todo todo ¿de acuerdo? -no quería que gastara dinero con la conferencia, pues ella controla mucho sus gastos.
Así es que la llamé y me lo explicó. Ella, gracias a nuestro Círculo de Genealogía se había puesto en contacto con un funcionario francés de la U. E. llamado Víctor, que reconoció a Tony, el chico que encontré en casa, ya sabemos en qué condiciones. Le contó que Tony  vivía en París y había venido a pasar aquél fin de semana con él, en Bruselas, y juntos fueron a aquél encuentro de genealogía donde lo conocí. Le dio a Claudine el número de teléfono de los padres de Tony.
Pero Víctor, aún hizo más. Llamó él mismo a la familia de Tony para darles el pésame y les pidió si podría pasar a visitarlos un día. La verdad es que la colaboración de este chico resultó decisiva. Había lamentado mucho la pérdida de Tony y le indignaban las informaciones publicadas en la prensa sobre su pertenencia a un grupo terrorista o la teoría que pertenecía a una banda de malhechores, etc. Por otro lado, las tentativas de la policía de involucrarme en el caso, tal como le había explicado Claudine, le parecía que carecían de la más mínima credibilidad, así es que decidió viajar a Toulouse, donde vivían los padres de Tony. Y así lo hizo el siguiente fin de semana.


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