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lunes, 17 de octubre de 2016

Capítulos 3 y 4

 Capítulo 3º

En boca de todos

Cuando ya llegaba delante de casa, acompañada por el agente Lucas, me di cuenta de que no tenía nada en la nevera para poder prepararme la comida, así es que le pedí que me dejara delante del supermercado de la urbanización. El agente, muy amable, se ofreció a esperar que terminara mis compras, pero le dije que prefería quedarme sola para ir a mi ritmo. La verdad es que ya había tenido bastante ración de policía. Después de titubear un poco, me dejó, a Dios gracias.
Compré pan, yogures, pechugas de pollo, fruta y alguna tontería más y al volver a casa me encontré con mi vecina Mercedes:
- Teresa ¿qué ha pasado en tu casa? ¡que jaleo toda la mañana! NOS HEMOS llevado un susto tremendo, porque hemos oído que había habido varios muertos. ¿Estás bien?
-Sí, tranquila, todo va bien, lo que pasa es que al llegar de Barcelona he encontrado cuatro muertos en casa, ¡una barbaridad!
- ¡Cuatro muertos! ¡Dios mío! Pero ¿cómo es posible?
- Pues ni idea. Llegué anoche y me encontré dos en el garaje y esta mañana otros dos en el cuarto de la lavadora.
- Pero ¿de dónde han salido? ¿ por qué no nos avisabas? ¿ qué hacían allí en tu casa?
- Ya te digo, que yo no sé nada, pero, desde luego, la Policía menos. Solo hacen preguntar y es que no tienen ni la menor idea de qué va este asunto.
- ¿Y qué vas a hacer ahora? ¿ dónde vas a vivir?
- ¿Dónde quieres que viva? En casa. He estado un par de días fuera y ya tenía ganas de volver, que como en casa no se está en ninguna parte.
- Pero si te han entrado ya cuatro desconocidos, igual te pueden entrar más ¿no tienes miedo?
- Bueno, más que entrar los han metido, además si viniera alguien mientras estoy yo sola, sí que me darían un susto, pero no creo yo que sigan apareciendo muertos. La verdad, es  que no me apetece irme a ninguna otra parte. Tengo ganas de descansar, dormir, cuidar el jardín, dormir más...
- Bueno, lo siento, te dejo porque tengo que irme a la peluquería, que me están esperando. Ya hablaremos otro rato. Y si quieres algo, llámanos por teléfono ¿de acuerdo? Y cuéntaselo a Conchi, que su yerno es policía y te puede ayudar.
Yo continué andando hacia mi casa, mientras Mercedes iba directamente a la peluquería de la urbanización, donde los acontecimientos que me ocurrían se retransmitían casi en directo. Para decir la verdad, no solo comentaban lo que me había pasado, sino también lo que muchas de aquellas personas, sin nada que pensar y mucha televisión vista, estaban imaginando. En un momento de inconsciencia, casi me sentí feliz de darles un poco de entretenimiento.
Al llegar a casa miré el reloj y vi que ya eran más de las 2 del mediodía. El teléfono estaba sonando.
- ¡Mamá! ¿ cómo puede ser que no consiga nunca hablar contigo? ¿ dónde estabas? en la comisaria me han dicho que te habían acompañado ya hace un rato a casa, pero no contestabas.
- Es que acabo de llegar ahora mismo. He ido a comprarme comida, para no tener que volver a salir hoy - ¿Por qué no me llamabas al móvil?
- ¿Qué móvil, mamá? El tuyo está petrificado, no funciona ¿cuánto tiempo hace que no cargas la batería? Bueno, escucha, he tenido que arreglar unos asuntos y no puedo llegar allí hasta mañana por la mañana. Concéntrate en lo que te digo: esta noche, te vas a dormir al hotel ¿has oído?  Te vas al hotel, y te estás allí hasta que llegue yo, ¿de acuerdo?
-. Pero ¡si no hace falta! pero bueno, si has de estar más tranquila ya iré. Gracias, hija mía.
- Cuídate. Te quiero mucho, mamá.
Me preparé algo para comer. No sé por qué continúo comprándome carne cuando no me apetece tomarla nunca, así es que me preparé una ensalada con atún y me tomé un yogur griego de postre. Me encantan los de limón especialmente. Después me puse a ver la tele, pero me entró mucho sueño y, aunque la primera tentación fue tumbarme en el sofá un rato, luego pensé que estaría mejor en la cama, así pues, me acosté y al cabo de medio segundo ya me quedé frita.
A las 8 y media de la tarde yo seguía durmiendo tan ricamente y el teléfono sonaba con insistencia.
- Hola –dije
- Mamá, por Dios, ¿cómo se puede ser tan inconsciente? ¿ no te he dicho que te fueras al hotel esta noche? ¿ no me has prometido que sí que irías? Es que no puede ser, haces lo que te da la gana y no te importa nadie, vas siempre a lo tuyo.
- Pero, hija mía, no digas esas cosas
-  Pero si es que es verdad. ¿Tú sabes cómo me tienes toda la tarde? Te he vuelto a llamar al móvil, pensando que ya estarías en el hotel, pero como no te has dignado cargarlo, está inutilizable. Ahora, aunque me parecía imposible que fuera verdad, te llamaba a casa por si te habías quedado, pero tampoco contestabas. He llamado a los vecinos, a tus amigos, nadie tenía noticias tuyas, estás jugando con nosotros.
- Perdona, chata, no sé qué me pasa, solo me apetece dormir y cuando duermo no oigo nada -le expliqué.
- Pues si te apetece dormir, te aguantas, piensa un poco en los demás, por favor -me respondió con tono autoritario.
- Perdona -tuve que interrumpirle- cuelgo porque están llamando a la puerta
- ¿A estas horas? ¿No irás a abrir? –me interrogó alarmada
- Voy a ver quién es, seguramente será algún vecino.
- ¡Mamá! Escucha bien lo que te voy a decir. No cuelgues el teléfono y ves a ver quién te llama. Me dices a mi quién te está llamando a la puerta a estas horas, y yo te diré si puedes abrir o no ¿has entendido? Es importante. Ves diciendo lo que haces…
- A sus órdenes, jefa -y le empecé a narrar lo que iba haciendo- Me estoy mirando en el espejo, empiezo a bajar las escaleras, me acerco a la puerta… he mirado por la mirilla y son Marisa y Pedro.
- Vale, pues ahora les abres y les dices que te vas a ir a dormir a su casa.
- No, eso no lo haré, porque estoy mejor en la mía. Tranquila, y no llames más hasta mañana, que me tienes pendiente del teléfono todo el rato.
- ¿Qué estás pendiente del teléfonooooo? ¡Por Dios! ¡ es increíble! Bueno, ya te arreglarás, haz lo que quieras. Hasta mañana.
- Hasta mañana, cariño, y deja de preocuparte. Que tengas buen viaje.
Mientras terminaba esta conversación, Pedro y Marisa ya estaban dentro de casa. Eran los vecinos de la casa de enfrente y, como teníamos la misma edad, habíamos establecido mucha relación. 
- Era Olga, les dije. Como allí en Bruselas cenan a las 7, se cree que ya es medianoche. Mañana va a venir.
- No te quejarás, que se preocupa por ti.
- Sí, es verdad.
- ¿Cómo va? Me preguntó Pedro ¿No te hace impresión estar aquí sola?
- Pero aún no lo he entendido – dijo Marisa, como si estuviera reflexionando- ¿Te encontraste anoche cuatro cadáveres?
- Bueno, anoche fueron dos, y hoy por la mañana otros dos. Aunque los primeros eran más bien esqueletos.
- Pero ¿qué hacían aquí? ¿ quiénes eran?
- Pues no se sabe -contesté. Mientras tanto, la fértil imaginación de Marisa ya estaba elaborando diversas teorías:
- A lo mejor venían a robar a tu casa y coincidieron con otros y se destruyeron entre ellos. O te han dejado los muertos para inculparte a ti, alguien que quiere acabar contigo…
- ¡Que bruta eres! - le recriminó Pedro- ¿quién va a querer hacerle daño así porque sí? - debió ser un ajuste de cuentas entre ellos, ya se descubrirá. A lo mejor los cadáveres trajeron a los esqueletos  porque se los pidió alguien y resulta que una vez depositados en el garaje, en vez de pagarles lo que les habían prometido, se deshicieron de ellos.
- No puede ser -razonó Marisa- ¿quién estaría interesado en descargar dos esqueletos en tu garaje, que no es muy grande y se verían mucho? Para eso igual los hubieran podido dejar en la calle y no se tenían que molestar tanto. Por eso creo que lo más probable es que te quisieran inculpar concretamente a ti ( dijo dirigiéndose a mí y mirándome fijamente a los ojos).
Como sonaba otra vez el teléfono, tuve que interrumpir sus elucubraciones:
- Perdonad, cojo el teléfono, porque luego se preocupan. Hola, ¿quién eres?
- Soy tu cuñada Angeles. Parece mentira que me haya tenido que enterar de lo que te ha pasado por Radio Huesca. Nunca me lo hubiera podido imaginar.
- Angeles, pues puedes creerte que aún no se lo he dicho a nadie de la familia, solo lo sabe Olga.
- Pero ¿qué dicen? ¿Qué te has encontrado cuatro muertos en casa?
- Sí, es un poco largo de explicar. Estoy ahora con Pedro y Marisa, mañana te llamo y te lo cuento todo.
- Mañana por la mañana me tienes ahí.
- No, no hace falta, de verdad. Va a venir Olga a estar conmigo.
- Bueno, pues la recojo en el aeropuerto y venimos juntas.
- Angeles, preferiría estar a solas con ella, un poco tranquilas, y cuando ella se vaya te vienes unos días conmigo para hacerme compañía ¿te parece bien? Dime ¿me puedes hacer un favor? Llama a la familia y cuéntales que estoy bien y está todo bajo control, ya les iré llamando, es que no tengo tiempo de nada. Me he pasado la mañana en la comisaria…
- ¿Te han detenido?
- No, ¿por qué me tenían que detener? Me preguntaban cosas…
- Ah, claro, te han hecho el interrogatorio.
De repente me sentí muy cansada, casi no tenía fuerzas para hilvanar una idea, y mucho menos para explicarla, así es que procuré acabar con la conversación:
- Bueno, Angeles, en ti confío, informa a la familia y ya hablaremos con más calma. Un abrazo.
- Cuídate mucho y tómate alguna valeriana para dormir.
Marisa y Pedro lo miraban todo como si estuvieran en una función de teatro, estaban expectantes.
- Bueno, jóvenes, les dije yo, iros tranquilos a casa y mañana será otro día. No os preocupéis por mí, que si oigo algo raro saldré por la ventana a gritar así es que seréis los primeros en saber que algo está pasando. Gracias por todo, de verdad, estoy más tranquila sabiendo que os tengo cerca.
-¿Has vuelto a visitar los lugares de los hechos? Me dijo Pedro de repente, en plan enigmático
- ¿Qué quieres decir, si he vuelto al garaje o al cuarto de lavar? Pues todavía no.
- Pues si quieres vamos a inspeccionarlos un momento, no hayan olvidado algo los asesinos.
- Pero si ya lo miraron de arriba abajo los polis-
- Podría habérseles pasado algo por alto -añadió Pedro.
- ¿Sabes qué? Lo dejamos para mañana, ahora estoy demasiado cansada ¿de acuerdo?
- Como quieras, me contestó. Mañana, allá a las 10, vendré para ayudarte a investigar.
- Tranquilo, cuando me levante te llamo.
Y así se fueron ¡finalmente! mis solícitos visitantes.
Yo tomé un par de mandarinas, miré el reloj, vi que ya eran las 10 de la noche y, como no me apetecía mirar la tele me fui a la cama con mi revista de pasatiempos. Al cabo de un minuto, más o menos, ya estaba dormida, eso sí, en ese minuto me acordé que todavía no había llamado a Daniel, mi hijo. ¿Cómo me había despistado? ¿Se lo habrá dicho Olga? A ver si me acuerdo de hacerlo en cuanto me despierte.

                         Capítulo 4º

Dos de las víctimas ya tienen nombre y rostro


A las 10 en punto ya me estaban llamando a la puerta, eran Pedro y Marisa con el periódico local. En portada se podía leer: “Hallazgo de cuatro cadáveres en una casa de la Urbanización “La Sierra”, y el articulista explicaba que en aquella casa residía una mujer sola, de 68 años, que había vivido muchos años en el extranjero y que no era muy conocida en la zona. Para ilustrar el tema, se veía una foto del momento en el que la Policía me venía a buscar a casa para llevarme a la comisaría. Menos mal que no pusieron como pie de foto “presunta asesina” o algo parecido, aunque la verdad, parecía que me llevaban detenida y eso no estaba nada bien...
Al entrar en casa Pedro y Marisa, personas varias, conocidas y sin conocer, que estaba por allí fuera comentado las noticias aparecidas en la prensa, invadieron mi salón como si fuera una caseta de feria. Me leían párrafos enteros de noticias dedicadas a mi persona, como si me tuviera que hacer gracia las tonterías que decían sobre mí. Otros me lanzaban miradas recelosas, como si pensaran que podía atacarles en cualquier momento. En medio de este jaleo, empezó a sonar el teléfono fijo ¡aún no había cargado el móvil! Daniel me llamaba desde Brasil.
- Perdona, hijo mío, no he podido llamarte antes.
- No te preocupes ¿estás bien?
- Yo sí, pero se ha organizado un circo por aquí, que no veas. ¡ Que cosas raras me pasan! ¿ verdad ? Hasta que no descubran lo que ha ocurrido, me da la impresión de que me van a agobiar mucho… Tú, tranquilo, no te preocupes de nada. Hoy vendrá Olga y ya te lo explicaremos todo mejor. Ahora te tengo que dejar, porque ha entrado mucha gente en casa y me temo que van a empezar a llevarse cualquier cosa del salón como recuerdo. ¡Horror! - se me escapó esta expresión- una señora ha venido a decirme que le gustaría mucho visitar el cuarto de la lavadora. Te quiero mucho, cariño, pero ahora tengo que colgar para frenar a esos locos. Besos para todos, ¡cuelgo ya!
No tardó ni medio minuto en volver a sonar el teléfono, era el comisario, me decía que tenía que comunicarme unas novedades y que iba a venir a visitarme.
Como pude desalojé a la gente de casa, Pedro y Marisa incluidos, puse a cargar el teléfono y me senté a desayunar. Al topar mis ojos con el periódico que me habían traído mis vecinos, en el que aparecía mi casa en la portada, me dio un vuelco el corazón y me di cuenta ¡ al fin ! de la que me venía encima.
El comisario Sánchez no se hizo esperar y nada más llegar me preguntó, pregunta retórica donde las haya, que cómo estaba.
- ¿Cómo quiere que esté? Muy enfadada, porque yo, una pobre víctima de unos desconocidos, a los que les ha dado por matarse en mi casa, me he convertido en carne de cañón para la prensa de toda la provincia.
- Si se refiere al interés que ha despertado su caso en los medios de comunicación y al público en general, puedo asegurarle que no se limita solo a esta provincia, sino a toda España.
- ¡Madre mía! ¡ no me diga eso! ¿Y a Vd. le parece bien? ¿ dónde está el derecho a la intimidad, la presunción de inocencia? porque esta es otra, falta un pelín para que me llaman la asesina de Huesca y no sé cómo se podrá limpiar mi imagen, cuando todo esto acabe.
- Si Vd. es inocente, no se preocupe que todo se aclarará.
Me exasperaba este hombre ¿a qué estaba jugando Sánchez? ¿ cómo se atrevía a decir “si Vd. es inocente”?
- Mire -le dije- me siento completamente desprotegida. Si su misión es precisamente la de proteger a los miembros de la sociedad y darles seguridad, creo que yo también formo parte de esa sociedad, así es que también tienen la obligación de defender mis derechos y ayudarme, porque yo he sido víctima de unos intrusos que han convertido mi casa en un osario.  
- Sí, lo sé, es un caso complicado… -me interrumpió-  bueno, yo quería verla porque ya hemos identificado a la pareja que se encontraba en el cuarto de la lavadora. Se trata de Toni Lemonière y Yasmina Blanche, de París. Esto abre un poco más la investigación y no habría que desechar un caso de terrorismo.
- ¿Alguien ha venido a inmolarse en el cuarto de la lavadora de mi casa?
- Inmolarse no, recuerde que es evidente que alguien les rompió el cráneo de un golpe, pero permítame que no le cuente nada más, pues no puedo divulgar la información que tenemos. Una cosa es importante. Le he traído fotos de estas personas, y tendría que examinarlas bien, para ver si las reconoce, porque quizás han coincidido con Vd. en alguna parte.
El comisario sacó dos carnets de conducir de los jóvenes asesinados y, mientras me los daba no me quitaba los ojos de encima para ver cuál era mi reacción, igual esperaba que dijera algo así como ¡Oh, son ellos!
El caso es que a mí no me decían nada aquellas dos caras. Soy una fisonomista muy mala, pero bueno, creo que si los conociera a uno u otro hubiera podido recordarlos.
Cuando se cansó de mirarme, mientras contemplaba yo absorta y triste aquellos rostros de dos jóvenes que habían visto sus vidas truncadas (en el cuarto de la lavadora de mi casa) el comisario Sánchez se levantó y, despidiéndose rápidamente, se marchó.
Pasaron unos días muy difíciles de llevar, menos mal que estaba mi hija para poner un poco de orden en todo aquello. Teníamos que tener el teléfono descolgado porque día y noche sonaba. Eran amigos, o familia, vecinos, periodistas o gente en general, unos me ofrecían ayuda, otros  me acusaba de todo. Yo dormía mucho, era mi manera de sobrevivir a todo aquél delirio. Pensaban que era por efecto de algún sedante, pero lo cierto es que no tomaba nada en especial, simplemente tenía mucho sueño y me sentía muy cansada.
Al cabo de una semana Olga se fue y justo al día siguiente me vinieron a buscar unos policías para llevarme a la comisaria, pues según me dijeron, tenía que hacer una identificación. Cuando llegué allí, Sánchez estaba radiante, parecía que habían pasado los Reyes Magos por su despacho. Me dijo “siéntese, por favor, siéntese” señalando una silla y me miró con aire triunfal, disfrutando del momento que me preparaba.
- Así, pues, Vd. dijo que no conocía de nada a los jóvenes asesinados en su casa ¿verdad?
- Así es.
- ¿Y qué podría responderme si le dijera que miente?
- No miento.
- Vaya, vaya, muy segura está. Le voy a enseñar una fotografía que quizás le haga cambiar de opinión.
Entonces, abrió una carpeta que tenía sobre su mesa de trabajo y extrajo de ella una foto que me pasó para que examinara… Casi me da el patatús definitivo. Se notaba que era una ampliación de una foto de grupo, pero el caso es que se veía la cara sonriente del joven muerto, que me pasaba la mano por detrás del hombro, y la expresión de mi cara no podía ser más sonriente y feliz.
- Es el muerto  ¿verdad? –me interrogó Sánchez
- Pues sí que lo parece –dije yo.
- Y está con Vd. y da la impresión de que se lo están pasando bien ¿eh? Porque no se hará fotos así con desconocidos ¿verdad?
- ¿Podría ver la foto completa? –me atreví a preguntar.
- Lo verdaderamente importante lo tiene aquí -contestó Sánchez dando un golpe seco encima de la foto.
- Es que si supiera dónde está hecha - dije yo-, podría deducir de qué conozco al chico.
- Pues no se preocupe, que la va a tener entera, porque creo que ha habido alguna filtración y me han avisado de que ya la tiene la prensa… Una pena, sí, porque no va a ser fácil explicar que hubiera tanta camaradería entre Vd. y uno de los asesinados en su casa, cuando Vd. negaba rotundamente que lo conociera… Esto ya no se puede parar, así es que ya sabe lo que le espera, la opinión pública va a ponerse en contra suya
¿Cómo se puede ser tan malo?, pensaba yo mirando la cara de felicidad de Sánchez. ¿Qué mal le he hecho yo a este hombre para que busque mi ruina de esta manera?
- Es por eso – continuó el tipejo- que yo le recomendaría que se ausentara de aquí unos días. El caso ha levantado mucha expectación y puede que sufra represalias y molestias.
- Perdone –le contesté- ¿represalias dice Vd.? ¿ no iría mejor cualquier otro calificativo? ¿quién puede querer  vengarse de algo malo que he hecho, si no lo he hecho? Soy inocente, así es que procuraré aguantar hasta que se les pase.
Al regresar a casa, me quedé paralizada.  Se ve que la foto en la que se me veía alegre con el muerto cuando estaba vivo, se había divulgado ya, y la gente se hacía sus razonamientos “Si fuera inocente, no tendría necesidad de mentir”, se decían ¿por qué quería ocultarlo?. Pancartas y pintadas en la pared de mi casa, puerta del garaje, muro del jardín, etc. daban cuenta de la imaginación popular: “Esto es una urbanización, no un campo de exterminio”, “Fuera de nuestras casas, lejos de nuestros niños”, “Colecciona hueveras, Teresa,  pero no muertos”, en clara alusión a mi famosa colección.
Con todo este ambiente, comprendí que la vida allí en la urbanización iba a ser difícil, y decidí marcharme. Sólo me fastidiaba hacerlo porque eso suponía seguir el consejo que me había dado Sánchez, lo que disparaba mis alertas y me sugería que no debía ser bueno para mi.
Pero no tenía serenidad para pararme a estudiar los pros y los contras y me hice la maleta para ir a Barcelona, allí teníamos todavía el piso donde habíamos vivido unos años y que utilizaba toda la familia como estación de paso o residencia eventual cuando había que ir a médicos, etc. Creía que pasaría inadvertida. Error número 1.






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