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sábado, 18 de noviembre de 2017

Lágrimas de felicidad


Y la Navidad a la vuelta de la esquina


- Hola, guapísimo ¿qué tal estás?
- Bien ¿y tú?
- Pues bien, gracias. ¿Sabes? quería salir hoy de compras para mirar si encontraba lo que me pediste el otro día, aquella bolsa de Nintendo, pero había una manifestación por el centro y lo he dejado para otro día. No te importa ¿verdad? como aún hay tiempo hasta Navidad...
- Sí, precisamente quería decirte que no la compres, hemos descubierto con mamá por internet otra más barata, que también es chula, y como ahora ya sé lo de los Reyes, pues me miro el precio y no hace falta que compres la cara.
- Tranquilo, no te preocupes, que como también está tu cumpleaños tienes  derecho a varios regalos, así es que ¡aprovecha!
- Es que es muy duro tener que elegir -me dice el peque - porque tengo que pedir regalos para San Nicolás,  para mi cumpleaños, para Reyes, y como hay muchas cosas que están bien y me gustan... Pero es que no puedo pedir demasiado y tengo que elegir... eso es duro.

- Oye ¡que te quieran regalar cosas no es duro! Lo duro es lo que me pasa a mi, que nadie se acuerda de regalarme nada para mi cumpleaños. Menos este año, que era un cumple especial y he dado mucho la lata...
- ¿Sabes, yaya? no te preocupes, yo voy a empezar a poner dinerito aparte y así cuando llegue tu cumpleaños podré comprarte un regalo.
-¡Que bueno eres! Y no me hagas caso, cariño, que me quejo sin razón. Yo ya tengo cada día el mejor regalo del mundo, que eres tú y tu primo G. solo que con él todavía no se puede charlar de nada, que es pequeñín y no dice ni mamá, pero contigo puedo hablar de todo. Bueno, no te preocupes por mi y ves pensando en lo que te interesa. Por cierto, ahora no quiero molestar a mamá, que se que tiene trabajo, pero la llamaré otro rato para ver si ya tenéis planes para estas Navidades ¿te han dicho si vendréis con nosotros esos días?
- Sí, casi seguro que vamos a ir, pero no se sabe exactamente cuando.
- ¡Que alegría! ¡que contenta estoy! -le digo toda exaltada
- Yaya, que te conozco y vas a llorar por estar contenta...
- Pero eso no es malo, llorar de felicidad da mucho gustirrín.
- Como quieras. Ya te llamaré mañana. Y piensa que G. empezará a hablar pronto y también podrás contarle cosas. Buenas noches y ¡felicidades!
- Y ahora ¿por que me dices felicidades?
- Pues por las lágrimas de felicidad que se que estás llorando.
- ¡Cómo me conoces! Buenas noches, tesoro mío.
- Besitos, yaya.

lunes, 6 de noviembre de 2017

El video juego que no llega


Lanzamiento anunciado para finales del 17 principios del 18...



Resumen de las cuatro conversaciones telefónicas que tenemos efectuadas mi nieto y yo con el mismo tema del videojuego...
- Hola guapísimo, creerás que soy un poco tontorrona porque no hago los encargos que me pides, pero es que me pides cosas muy raras...
- ¿Por qué dices eso?
- Porque el otro día me pediste un video juego del 2009 que ya está descatalogado y no lo venden en ningún sitio, y ahora me has pedido uno que aún no lo venden en las tiendas.
- Ese es el problema, por eso te lo he pedido a ti.
- Pero ¿cómo voy a comprarlo si no lo venden?
- Bueno, lo venden en Japón.
- Pero, hijo mío, ¿no querrás que vaya a Japón a comprártelo?
- No, - dice mi peque riendo- pero cuando salga en España puedes comprarlo. A lo mejor te lo pueden reservar en la tienda, porque el día que salga habrá mucha gente que querrá comprarlo y se acabarán enseguida.
- Ya se lo he preguntado a la dependienta, pero no pueden reservar hasta que no sepan cuando les llega y aún no saben cuando lo tendrán. Me ha dicho que seguramente el lanzamiento será a finales de año, para las Navidades.
- Pues aquí en Bélgica oí que lo lanzarían en junio...
- ¿En junio? ¡que bárbaros! ¿y avisan con tanto tiempo?
- Sí, es que será muy bueno. Yo prefiero esperarme a que salga ese... Aunque si quieres comprar alguno ya, puedes hacer una cosa: ¿tienes todavía el papel con el nombre que te dicté?
- Sí, lo guardo como si fuera un tesoro.
- Pues mira, puedes borrar... bueno, ¡no borres nada! pon con paréntesis lo de Bing-Bang supernova y compra el video juego que se llama Galaxi y todo lo otro que te dije, así ya tendremos algo.
- Buena, idea, más vale conformarse con lo que hay, que no tener que esperar tanto para el lanzamiento.
- Gracias, yaya, eres la yaya más super super super que conozco. 
- Venga, ratoncito, que tienes mucha suerte porque tienes no una, sino dos yayas super super super. Un abrazo cariño.
- Buenas noches yaya, besitos.
- Buenas noches. Te quiero. 

viernes, 6 de octubre de 2017

Va de centrales nucleares





Peligros naturales, y otros…

Las conversaciones con mi nieto de 7 años van aumentando de "contenido" día a día. Lejos quedan las disquisiciones sobre quien es el animal más rápido de la selva, cuál de sus peluches se porta mejor o que varita de Harry Potter es la más bonita. Ahora tocamos temas de actualidad, y los analizamos a fondo.
- Hola cariño -le digo
- Hola, yaya
- ¿Has visto lo que ha pasado en Méjico? Y a tu tío le ha pillado bien pillado, pues acababa de llegar allí.
- Sí, pobre tío D. un terremoto tiene que dar mucho miedo, y es triste.
- Bueno, ahora ya está de vuelta a casa.
- Sí, pero en esos países tienen problemas, porque hay terremotos y huracanes -me dice.
- Sí, de vez en cuando pasa... Bueno, allí en Bélgica no os llegan, podéis estar tranquilos -le digo para desdramatizar.
- No creas, también tenemos problemas.
- ¿Cómo cual? - le pregunto.
- Pues es una cosa poco simpática que nos han hecho los alemanes - me dice muy serio.
- ¿Los alemanes? ¿qué os han hecho?
- Ya hace unos años han hecho una central nuclear justo al lado de la frontera de Bélgica... Y los humos vienen a Bélgica.
- ¡No me digas! ¡Que frescos! ¿Y eso está permitido?
- No lo se, pero no es muy simpático por su parte... además, un día puede haber un accidente y el problema será para nosotros (me dice la voz del sentido común). 
- ¿No podéis hacer nada?
- Se puede protestar.
- Sí, guapísimo. Menos mal que no tenéis terremotos y no es fácil que ocurra ningún accidente... Más vale no pensar desgracias. Vete tranquilo a la cama y les das un besito a todos los dudús de parte de la yaya y dormid tranquilitos. Te quiero, tesoro. Buenas noches.
- Buenas noches. Yo también te quiero. Besitos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Un mal sueño

... como la vida misma



Más que soñar, ha sido como verme en un espejo donde la mirada, traspasando carnes y huesos, llegaba al núcleo del alma, suponiendo que tenga núcleo... Voy a contar de qué va el sueño de hoy, pero llamaré Lela a la protagonista, para evitar llevarlo a un terreno demasiado personal.
 La Lela tenía dos hijos, un chico y una chica, maravillosos. Ya tenían más de 40 años. La nuera de la Lela era maravillosa, y el yerno también, maravilloso. Gracias a Dios, sus nietos eran preciosos y estaban sanos. Todo era maravilloso.
La Lela estaba triste ¿qué tenía la Lela? pues que estaba muy blandita, cualquier cosa la hacía llorar. Ya procuraba ella entretenerse con actividades y aficiones varias, pero no podía dejar callados el montón de miedos que la asaltaban. El problema principal era la salud, sobre todo el que las piernas no le funcionaban bien y, en fin, otras cosillas que no vienen al caso.
Como tampoco es que le gustara ir de víctima por la vida, pues la Lela procuraba cumplir con sus obligaciones y llegar donde se esperaba que llegara. No obstante, quizás fuera por el esfuerzo al que se sometía o simplemente porque estaba un poco deprimida, nuestra protagonista se volvió extremadamente sensible a los reproches y críticas de su familia, que eran los únicos que se las hacían, todo hay que decirlo... Y llegó un momento, que le pareció tan injusto que se le diera la culpa de todas las cosas malas que pasaban por el mundo, que medio enloqueció, lo digo sin exagerar, tal cual suena.  
Llegó el verano y resulta que la Lela había quedado en reunirse con toda la familia unos días en su pueblo. Y le hacía tanta ilusión, que contaba los minutos que faltaban para poder abrazarlos a todos. Ahorraré prosa sobre toda la energía e ilusión que la Lela desplegó para que la familia pudiera pasar unos días felices juntos. Pero, algo se torció. Fueron un par de llamadas telefónicas, algún reproche... nada grave, solo varias tonterías juntas, el caso es que los ánimos se enfriaron, y cuando llegó el día "D", pasó lo siguiente:
Cogió la Lela el autobús Barcelona-Barbastro, donde tenía que pillar otro con dirección Benasque, pero como nuestra protagonista tenía la cabeza a punto de explosión, el corazón muy agitado y muchas ganas de llorar, sin que fuera nada premeditado, se oyó a si misma pidiendo en la taquilla de la estación un billete para Boltaña. Después, desconectó el teléfono. Cuando llegó a su destino, pidió un taxi y se fue más lejos, y encontró una habitación en un hotelito en plena montaña, se tumbó en la cama, y pensó que al fin podría estar tranquila. Y la verdad, hay que decirla, es que lo estuvo, porque aunque parezca imposible, no pensó en nadie de la familia, se borró todo el mundo de su mente.
Allí estuvo dos días, hasta que la dueña del hotel le pasó una llamada. Era de uno de sus hijos, que le preguntó:
- Mamá ¿tú sabes lo que has hecho?
Ella no contestó nada, porque la respuesta le parecía obvia: sí, lo sabía. Evidentemente, le hubiera gustado más que le preguntara algo así como ¿estás bien? ¿qué te pasa? etc. pero no dijo nada, estaba cansada.
- Mamá, no te muevas de ahí, te vamos a buscar inmediatamente, pero que sepas que no hay derecho que no hayas hecho sufrir tanto...
Entonces ella, con la lucidez que le quedaba, pensó: si en cuarenta y pico años ejerciendo de madre y esposa sin haber hecho nada especialmente reprochable, ya me he tenido que tragar algunas broncas, ¿qué me espera ahora, que, reconozco, he hecho una barbaridad de las gordas?
Decidió actuar. Le dijo a la dueña, que la tenía bajo observación todo el rato desde la conversación telefónica, que iba a recoger sus cosas a la habitación, y cuando la dueña relajó la guardia y se ausentó un momento del hall, la Lela salió del hotel sin que nadie la viera. Siguió un cartel que ponía "Camino forestal", y cuando le apeteció lo dejó y salió de él y se internó en el monte. Y caminó, caminó mucho, y cuando al fin se sentó, ya se estaba haciendo de noche. Lela tenía frío y no sabía si quería que la encontraran o no, bueno, más bien que no... Y, como si fuera una niña pequeña, se acurrucó como pudo sobre el suelo y empezó a llorar y llorar mientras decía papá, papá.
Y así me desperté, con los ojos llenos de lágrimas. ¡Jo! y ahora ¿como voy a salir de casa con esta cara?   
     

martes, 5 de septiembre de 2017

Lecciones de economía


Nada de regalos...

Han pasado las vacaciones y lo mejor de estos días ha sido que he podido estar con mis nietos (¡y demás familia!). Ahora que ya los tengo otra vez lejos, he pensado que no es cuestión de hacerse la pesada y querer hablar con ellos por teléfono cada día. Mi nieto mayor, con sus  7 años tan bien llevados, ya tiene sus actividades y distracciones propias, y no quiero interrumpirle cada tarde para preguntarle qué tal está... Dicho esto, si tengo cualquier "excusa", por pequeña que sea, le llamo. Como, por ejemplo, anteayer.
- Hola, cariño -le digo.
- Hola, yaya.
- ¿Te interrumpo algo?  
- No importa - me contesta muy educado- estoy haciendo una partidita con un vídeo juego, pero puedo continuar después. Ya estoy en el nivel 29...
- Perdona, te dejo enseguida, es que quería preguntarte una cosa. Hoy en el supermercado me han regalado unos cromos de Disney, y creo que también se pueden conseguir peluches. Quería saber si te apetece coleccionarlos o ya eres mayor para eso.
- ¿Son los de los coches? Aquí los daban el año pasado... No, no hace falta que me los guardes.
- De acuerdo, es que como los regalan he preferido preguntártelo -le digo.
- Yaya -me dice en plan profesor paciente- a ti te parece que te los regalan, pero no te los regalan: los pagas. Tienes que comprar una cantidad en el super, y te dan un sobre solo si gastas 10 ó 15 euros. Tú piensas que no te cuestan dinero, pero te has gastado dinero.
- ¡Ostras! -digo lo más inocentemente posible - ¡no se me había ocurrido!    
- No te preocupes, eso le pasa a mucha gente -me dice para consolarme- oyen que regalan cromos y piensan que no cuestan nada, pero no es verdad. Bueno, si quieres puedes guardármelos para mis amigos, que aún no han terminado el álbum.
- Eso está hecho, cuando tenga varios sobres te los mando. Y gracias por lo que me has explicado.
- A mi también me lo explicaron, no lo sabía. Buenas noches yaya.
- Buenas noches, guapísimo.  


viernes, 28 de julio de 2017

En la copa de los árboles



La historia de mis sueños
la escribí en la copa de los árboles,
y los días de viento
caen trocitos sobre los coches,
y los días de lluvia
se mojan las palabras
y resbalan por las hojas
y por los troncos
hasta la calle. 
La historia de mi vida
la diluí en un vaso de agua grande
y puse azúcar
y un poco de limón,
y se la doy a mis hijos
gota a gota,
siempre que puedo,
para que beban de lo mío
y prolonguen mi existencia
en su pensamiento,
hasta que también ellos
se acaben.




sábado, 22 de julio de 2017

La pesadilla de la protección de datos


¿y quién me protege a mi? 


Lo de esta noche ha sido ha sido una pesadez, además de pesadilla. El sueño que os voy a comentar ha sido el último antes de despertarme, por eso me estoy acordando todo el día y no me lo puedo sacar de la cabeza... Bueno, para ser sinceros, a esta hora de la tarde ya me estaba olvidando, pero lo quiero escribir para que eso no ocurra.
Habíamos llegado a Bruselas mis padres y yo (ellos no estuvieron allí jamás). Y como los sueños tienen la gran ventaja de ser atemporales, bueno, que no se tiene noción del tiempo, esta noche ellos tenían la edad que tenían cuando fallecieron, y yo la que tengo ahora (mayor que ellos) y todos tan contentos.
Hemos llegado a un gran hotel en el mismísimo Rond Point Schumman, nos hemos registrado y les he acompañado a su habitación. Una vez instalados, y en lugar de ir a hacer lo mismo e irme a la mía, les he dicho a mis padres que me iba un momento a ver a mis amigas Carmen y Rosy que estaban en otra habitación, y que enseguida volvería a buscarlos.
De la visita a mis amigas no me acuerdo de nada, pero sí que al querer regresar a buscar a mis padres, resulta que me había olvidado del número de la habitación, así es que he bajado a recepción a preguntar.
Allí en el mostrador de recepción había varias señoritas atendiendo a los numerosos clientes, que hacían interminables filas para registrarse. Me ha llamado la atención que los empleados del hotel llevaran unos uniformes tipo militar. Para no tener que esperar tanto rato, he preguntado amablemente a la señorita que tenía menos gente esperando:
- Disculpe, ¿puedo hacerle una pregunta?
- No, tiene que ponerse en la fila y esperar su turno -me ha dicho con tono autoritario.
Me he colocado en mi sitio y cuando me ha tocado mi turno le he dicho:
- Me he registrado con mis padres hace un par de horas, pero ahora no recuerdo el número de su habitación ¿podría decírmelo, por favor?
- No, no puedo -me ha contestado con cara de pocos amigos. Eso es cuestión de protección de datos.
- Perdone, son mis padres. Me están esperando...
- Llámeles al móvil y pregúnteles.
 - No tienen móvil, son mayores, me necesitan. Me están esperando...
- Lo siento, son datos que no puedo dar. Siguiente, por favor.
Como soy una persona bastante obediente y que no me gusta armar jaleo, me he retirado unos pasos del mostrador y me he puesto a pensar. Bueno, eso es mucho decir ¡a imaginar! pues me angustiaba preguntándome ¿cómo estarán mis padres? ¿que pensarán al ver que pasan las horas y yo no vuelvo a buscarlos? 
Al final he decidido colocarme en otra fila. La he seleccionado porque el chico que la atendía tenía cara amable. He esperado más de media hora, porque tenía delante de mi dos japoneses pero, cuando ha llegado su turno, han empezado a aparecer paisanos suyos por todas partes. Se ve que era un autobús y solo hacían fila dos responsables ¡que rollo! ¡esto sí que es colarse!
Finalmente me toca a mi. Me he mentalizado: en la guerra como en la guerra, yo me quería hacer oir y tenía que actuar. 
- Por favor -le pregunto con toda a amabilidad del mundo al chico sonriente -¿puede decirme en qué habitación están mis padres? me están esperando y he olvidado el número.
- No, lo siento, -me responde sonriendo- no podemos facilitarlo. Es por la protección de datos...
Y cuando estaba a punto de gritar ¡policía! ¡a mi, policía! se me ha encendido una luz en la cabeza:
- Por favor, ¿puede llamarlos, para que hable yo con ellos?
- Desde luego, señora, ¿cuál es el nombre de sus padres? Le paso la comunicación...
¡Seré tonta! ¿Por qué he sufrido tanto si la solución era tan sencilla? ¿Por qué la imbécil que me ha atendido (desatendido) antes no me ha ayudado a encontrar la solución? ¿Por qué me angustio tanto por nada? ¿Por qué los sueños son tan retorcidos?



viernes, 21 de julio de 2017

El frutero se vuelve violento



Y los sueños, sueños son



Siempre he pensado que los sueños son un regalo que nos ofrece la vida. Gracias a ellos podemos movernos por un mundo donde todo es posible, lo que nos permite hablar con seres queridos que llevan décadas muertos, corretear por las casas donde vivimos cuando fuimos niños y disfrutar de muchas cosas, como si aún fuéramos inocentes. 
A pesar de estas maravillas que ofrecen los sueños, he de confesar que me están empezando a dar miedo. Sí, andan muy descontrolados últimamente, no sé que les pasa. Igual es culpa de la enfermedad, o de los medicamentos, de la edad, o de las series de la tele, no lo sé, pero los sueños me están desbordando.
Esta noche resulta que estaba yo en la frutería que tengo cerca de casa, a la que voy todas las días, y que regenta un chico muy amable y tranquilo (no digo la nacionalidad para evitar cualquier interpretación malintencionada). En el sueño, sin que viniera a cuento, de repente, ha agarrado unas esposas y ha atado a una de sus clientas, (entradita en kilos y en años) a una caja de sandías. Es decir, que el tío ha inmovilizado la mano de una señora en una esposa, mientras ponía la otra arandela de la esposa en la mencionada caja de sandías. La conversación ha sido surrealista:
- Pero, ¡por Dios! ¿QUE HACE? si yo no he hecho nada! acababa de entrar en la tienda...
- Pero lo iba a hacer, señora, que la conozco y sé lo que iba a hacer... (le ha replicado el tendero a dos centímetros de la cara de la pobre mujer, mientras la miraba muy fijo)  ¡Y LA FRUTA NO SE TOCA! (le ha berreado).
La pobre mujer estaba a punto de llorar, e insistía.
- Pero ¡por Dios! ¡suélteme! si parezco una ladrona así atada... Mire, que no puedo estar mucho rato de pie porque me tengo que operar de la cadera...
Mientras la mujer hablaba, me ha entrado el pánico, porque sí, yo soy una clienta de las que tocan la fruta, desde los aguacates a los melocotones pasando por las judías verdes... ¿qué debo hacer? ¿qué puedo hacer para no acabar inmovilizada como aquella mujer? ¿pagar los productos que ya he seleccionado y hacer un mutis lo más rápido posible o ponerme a correr directamente? ¿Y si salgo corriendo y me ataca el hombre por detrás, por ejemplo tirándome un coco a la cabeza? ¿Qué hago, por Dios, qué hago?
 De repente me doy cuenta que el frutero está hablando conmigo: 
- ¿Eso es todo lo que quiere, señora?
- Sí, gracias (le he dicho por no entrar en detalles, porque ¡quería tantas cosas! como por ejemplo no hacer el ridículo, como la pobre señora que estaba gritando blandiendo el monedero con su mano libre:
- ¡Socorro! -gritaba ella ya en plan melodramático total- ¡Ayuda! ¡Que me suelte! ¿Por qué a mi, Dios mío?
En mal momento se ha cuestionado ésto la clienta atada, porque el hombre ha reaccionado con prontitud: ha agarrado a una viejecita menuda que estaba entrando en el establecimiento y sin que yo sepa de dónde las ha sacado, ha enchufado una esposa en la delgada mano de la anciana y con la otra, la ha inmovilizado enganchándola a una caja de melones... ¡No me lo podía creer!
- Doce cincuenta -me ha dicho a mi el tendero.
- Se lo doy suelto -he pagado, he pillado mi bolsa con la fruta, he intentado esquivar la mirada de la primera esposada y su mano, armada con el monedero que quería atizarme en el brazo, probablemente para llamar mi atención, y he salido de aquella especie de tienda mazmorra lo más dignamente posible.
Después de andar unos pasos por la calle, me he despertado, pero la pesadilla continúa todavía: ¿cómo he podido hacer una cosa así? ¿por qué no le he cuestionada nada al chico de la tienda? ¿por que no he llamado a la policía? ¿porque no me he dignado mirar a aquellas víctimas? ¡Dios mío! SI UN DÍA SE ENTERAN MIS NIETOS ¿CÓMO ME JUSTIFICARÉ de tanta cobardía? ¿Qué podré decirles para que me sigan queriendo? ¿o no soy culpable de nada? al fín y al cabo, uno no es responsable de lo que sueña, ¿pero he soñado eso por algo...? ¿es mala conciencia...? 
A ver si esta noche sueño algo más divertido...

martes, 13 de junio de 2017

Excursión fin de curso



Miércoles
Mi nieto se va a marchar con los niños de su clase a pasar unos días al campo.  Desde hoy, miércoles, hasta el viernes. Ayer me dio la noticia, todo alborozado:

- Yaya, si me llamas mañana no me encontrarás en casa. Y el día después, tampoco, porque no estaré.
- ¿No estarás? ¿dónde vas? - le pregunté.
- Vamos toda la clase a estar unos días en el campo. Tenemos que estudiar los pájaros, la Naturaleza,  el bosque...
- Vais a aprender un montón de cosas, ya me contarás.
- Sí, vamos a aprender, pero también habrá tiempo para jugar. Y voy a dormir con mi amigo D.
- ¿No es un poco revoltoso?
- Sí, pero nos lo pasamos bien. Te llamaré cuando vuelva, yo creo que a las 4.30...
- Tranquilo, que a lo mejor estás cansado, ya hablaremos.
Viernes
A las 7 de la tarde, como no he sabido nada del peque, llamo yo por teléfono:
- Hola, cariño ¿qué tal ha ido la excursión?
- Grr, hhhh, grr...- y en un tono muy muy bajito, precisa - No puedo hablar...
- Te has quedado afónico ¿verdad? Tranquilo, hablamos otro rato, solo quería saber si estabas bien. Muchos besitos.
Sábado
- Yaya, ya puedo hablar.
- ¿Qué tal lo has pasado? ¿Has cantado mucho?
- Es que hicimos una fiesta disco, y bailamos todo el rato.
- ¡Que chulo!

- Sí, nos lo pasamos muy bien, porque F. sacó a bailar a 20 niñas y todas le dijeron que no.
- ¡Pobre criatura! ¿por qué hacen eso las niñas? ¿no sois todos compañeros? eso no está bien.
- Yaya, es que es muy tonto y muy chuleta.
- Y las niñas ¿es que no pueden salir a bailar solas, sin que las invite un chico?
- Sí, ya lo hacen, pero es más divertido si las invita un chico.
- ¿Y viste muchos pájaros en el bosque?
- Sí, pero lo más divertido fue la fiesta-disco.
- Me alegro de que te lo pasaras bien, guapísimo. 




Viernes

viernes, 2 de junio de 2017

sandía


Ya hace días que no escribo nada sobre las conversaciones con mi nieto, y es que estoy muy liada y no tengo tiempo. Es tan cariñoso que ahora anda contando los días que faltan para que vaya a verlos. Espero no defraudarlo.

- ¿Qué tal estás, guapito? - pregunto.
- Bien ¿y tú? Faltan tres semanas para que vengas a casa. ¿Sabes? vas a tener suerte porque ya podrás comer sandía - me dice todo ilusionado.
- ¿Sandía? ¡que buena! me encanta.
- A mi también. Y es que ya hemos tenido 30º de temperatura y ya hay sandía.
- La venden cuando hace calor ¿verdad?
- Sí, pero si algún día llueve, también la venden -
- ¡Estupendo!
- ¿Sabes, yaya? cerca de casa, a unos diez minutos, o cinco, hay un sitio donde se puede jugar a balón-cesto. Yo creo que te gustará. Ya hemos ido tres veces con mamá, y he metido dos goles, pero ella me gana.
- Claro, es que ella aprendió a jugar cuando era niña...
- ¡No! lo que pasa es que es más alta.
- Eso es verdad, así no se puede... pero si quieres, cuando esté con vosotros podemos estudiar unas tácticas defensivas, para que no pueda tirar a cesta, y otras tácticas de ataque, para marcar nosotros, y a lo mejor le ganamos.
- No te preocupes, cuando sea tan alto como ella le gano.
- Bien dicho, valiente, ¡es cuestión de tiempo!
   

domingo, 30 de abril de 2017

voy de boda



Conversación con mi nieto, vamos por la nº 11

Este jueves pasado llamé a mi supernieto para despedirme, pues el viernes iba a salir de viaje:
- Hola, guapito ¿estás bien?
- Sí ¿y tú?
- Muy bien. Os llamo ahora para deciros adiós, porque me voy de viaje para ir a una boda.
- Sí, mamá nos lo ha dicho. Pero, yo no conozco al señor que se casa ¿verdad?
- No, no lo conoces. Es un chico muy simpático, pero no os habéis encontrado nunca.
- Pero ¿el conoce mi existencia?
- Perdona, tesoro, ¿qué me preguntas?
- Si conoce mi existencia.
- ¡Claro que sí! todo el mundo que me conoce a mi, conoce tu existencia, eso seguro.
- Yaya ¿sabes una cosa? se me está moviendo un diente definitivo.
- ¿Uno de los que te tienen que durar para toda tu vida?
- Sí, uno de esos. Es que hoy he jugado de portero, y D. hace muchas faltas y me ha tirado el balón a la cara, en toda la boca, y ahora me duele.
- Lo siento, hijo mío, si no se pasa tendrás que ir al dentista ¿verdad?
- Sí, porque D. juega muy bruto y..... .... ...  
- Gracias por todo lo que me cuentas, tesoro, te quiero infinito.
- Yo también, yaya.


sábado, 22 de abril de 2017

Desayunos, joyas, enamoradas...



Ayer tuvimos esta charla (abreviada) mi nieto de siete años y yo: 

- Hola, yaya.
- Hola, cariño, ¿estás bien?
- Sí, todo va bien. Faltan once semanas y algunos días para que vengas a vernos.
- ¿Los cuentas, chatito mío? ¿tienes ganas de que nos veamos?
- Sí. Y yo creo que estarás bien cuando vengas.
- Eso, seguro.
- Para desayunar podrás tomar un zumito de naranja o de manzana, galletas de chocolate y de otras clases... lo que quieras.
- ¡Que bien! ¡se me hace la boca agua!
- Y te lo pasarás bien. Te puedo enseñar a jugar los videojuegos que tengo, puedes leer libros, y seguro que te encantan mis libros de Tintín en francés. 
- No me va a dar tiempo de hacer tantas cosas....
- Yaya, ¿tu tienes algún collar que en la parte que se cierra haya un sol? 
- ¿Que el cierre sea un sol? pues no, estoy casi segura de que no. ¿Por qué me lo preguntas?
- Es que D. mi mejor amigo, se ha encontrado uno por la calle, y lo ha cogido y ahora se lo quiere regalar a su enamorada.
- Pero ¿tu crees que es una cosa de niños o es un collar bueno?
- No se, es que como hay un sol en el cierre no estábamos seguros de si es un collar... Es que D. me vuelve loco, porque tiene tres enamoradas y no quiere jugar al fútbol.
- Pero, ¿que hace con tanta enamorada, por Dios? Y tú ¿también tienes alguna?
- No, a mi me gusta jugar al fútbol y ya soy muy bueno.
- ¿Aún juegas de portero?
- Ya no, me he lanzado a meter goles y juego de delantero.
- Bueno, guapito, ya me dirás como termina el asunto del collar ¿de acuerdo?
. Y ¿sabes? ahora a D. le han cambiado la cama, y ya no tiene la que era como la mía, es una muy grande, y puede dormir allí una persona mayor.
- Tú también te la tendrás que cambiar pronto, estás muy alto.
- Sí, cuando cumpla 8 años me la cambiarán...
- Bueno, cariño, que se me están quedando las judías verdes como un puré. Hablamos otro rato. Te quiero infinito.
- Y yo también.


sábado, 1 de abril de 2017

Vengo de la Luna





Vengo de la Luna.
He hecho un viaje de siglos.
Me ha traído hasta aquí
la voluntad firme
de querer vivir
donde están los míos.
He sembrado todo el camino
de recuerdos que no comen los pájaros,
porque quiero dejarme abierta
la posibilidad del regreso.
Al llegar he encontrado flores,
pero sé que después habrá frutos
y luego hojarasca,
porque en la Tierra 
todo es efímero.
Pero  yo quiero vivir
el vértigo de lo caduco
y me he disfrazado de terranáuta
y he aprendido el lenguaje
de lo sin sentido.
Conozco los sentimientos quebradizos,
y la imposibilidad de estos seres
de medir con sus reglas
amores infinitos.
Pero aquí es,
donde están los míos.

viernes, 24 de marzo de 2017

En el aeropuerto. PM-1



Situación equívoca


Me equivoqué al elegir este vuelo de las 9 de la mañana, no tiene ningún sentido que me haya tenido que pegar semejante madrugón… Claro, cuando vi un vuelo que salía a las 9 pensé, ese está bien, es una hora razonable, pero aunque la hora de salida lo fuera, la hora a la que me he tenido que levantar, no. ¡A las 6.45 me he tenido que pedir el taxi! Y LEVANTARME, A LAS 6. Ahora estoy que no me aguanto ¡que poco me gusto! Pudiendo elegir, elijo lo peor, es una tendencia en mi.
¿Qué puedo hacer? Estoy desde hace media hora sentada aquí en la sala de embarque para ir a La Coruña y aún me falta una hora de espera ¡no puedo más! Me duele la pierna de la trocanteritis y la de al lado, debe ser por solidaridad… Me duele la espalda, y el final de la espalda según se mire (pero digamos que me refiero a aquella parte que está más alejada de la nuca), y me resulta difícil mantenerme sentada, no encuentro la posición. Si al menos hubiera algún responsable de la compañía, le diría que me ayudara, pero no hay nadie, ni los pasajeros han llegado todavía.
Bueno, hablando de pasajeros, allí veo uno, El sí que vive feliz, ¡míralo allí tumbado ocupando tres butacas! Y durmiendo, sin preocupaciones de encontrar la postura correcta. ¡Ya me gustaría a mi poder tumbarme…!
¡Alto! ¡esto es importante! ¿POR QUÉ PUEDE TUMBARSE ÉL Y NO UNA SERVIDORA? Repito ¿por qué él sí y yo no?¿dónde está escrito que él, por ser joven tiene unos privilegios que yo no merezco? ¿o es porque él es chico y yo chica, digo, señora mayor? Es igual, yo no puedo más, tengo que elegir entre tumbarme en las butacas o por el suelo, esto es la guerra, así es que opto por las butacas en un primer intento.
Se ve que nada más tumbarme me quedé frita, me dormí en el acto. Pero, no habrían pasado unos minutos (quizás más) cuando me desperté sobresaltada ¿cómo no iba a estarlo? Un montón de personas revoloteaba en torno mío. Unas me daban palmaditas en las mejillas, con más o menos gracia y fuerza; otras me levantaban los brazos lentamente para dejarlos caer a lo bruto... Había hasta quien se contentaba con agarrarme la pierna por el zapato, para mover los pies haciendo círculos.
Todas estas maniobras gestuales venían acompañadas de palabras sin sentido: “Señora, señora, despierte ¡no está sola!”, “¡Abra los ojos! ¡ánimo!” y cosas por el estilo. Lo que más me sobresaltó es cuando dijeron “Ahora viene un médico, tranquila, la van a atender”…
En cuanto tuve alguna autonomía de movimiento, eché una mirada al joven que se había pegado la siesta tumbado tan ricamente sin que nadie le dijera nada. Ocupaba el mismo sitio,  estaba con los pies encima de la butaca, sin calcetines, haciendo lo que le daba la gana y sin que nadie se metiera con él. No hay derecho.
Alguien podrá pensar que esto es un caso de discriminación positiva, pues la gente se preocupa por una señora mayor ¡error! Simplemente se supone que a mi edad he tenido que aprender a aguantarme y comportarme y se espera que lo siga haciendo hasta el final de mis días, y no se concibe otro comportamiento para mi, muy diferente del que se les exige a otros... a quienes se les justifica todo porque son jóvenes.
Meditaciones aparte, voy a concentrarme en lo que le tengo que contar al médico para que no haya hecho el paseillo hasta mi en vano, y que no encuentre ningún inconveniente en que me suba al avión que me llevará a La Coruña, ¡tengo que ver a mi nieto!  


viernes, 17 de marzo de 2017

Besitos


Técnica

Ayer por la tarde regresé a casa después de haber estado unos días con mi nieto pequeño, que acaba de cumplir 11 meses. Y lo primero que hice, fue llamar a mi hija, para decir que ya estaba en casa. Hablé con mi supernieto:
- Hola, cariño, ya tenía ganas de hablar contigo. ¿Estás bien? Ya sabes que he estado con tu primito, está muy gracioso, y ya se quiere poner de pie todo el rato -le dije.
- Y ¿te ha dado besitos?
- Hombre, besitos besitos no, arrimaba la cabecita y se dejaba dar.
- Es que a mi me dio uno con sus labios.
- ¡Que enchufado! pero ¿seguro que te dio un besito?
- ¡Sí! ¡seguro! vino con la boca cerradita y me dio el beso. ¿Quieres que te diga la técnica para que te de besos?
- Vale, dímela.
- Primero juegas con él, para que se habitúe a estar contigo, y luego tú le das besitos, para que aprenda cómo se dan, y después, él también quiere hacer lo mismo y si te pones cerca, te lo da.
- ¡Que pena que no lo he sabido antes! hubiera podido probar... Bueno, la próxima vez que lo vea lo haré. Gracias por explicármelo. Te quiero mucho guapísimo.
- Yo también te quiero mucho, yaya.




jueves, 9 de marzo de 2017

El día "D"



de DESCUBRIMIENTO


Un día u otro tenía que pasar, y ha sido hoy. Mi queridísimo nieto, siete años recién cumplidos, me ha dicho por teléfono.
- Yaya, ya lo sé.
- ¿Qué sabes, guapito mío?
. Que los regalos de San Nicolás me los traen mis padres y los de Reyes tú - me ha dicho con rotundidad.
- ¿Estás seguro de lo que dices? - no quería precipitarme...
- Sí. Papá le ha dicho a mamá que ya podía decírmelo.
- ¿Te lo han dicho así de repente o lo has preguntado tú?
- Lo he preguntado yo.
- Y ¿cómo estás? ¿estás triste?
- Un poco, pero no importa.
- Aunque sean los padres o los abuelos los que compran los regalos, eso es bonito ¿verdad? los mayores se ponen de acuerdo para que los niños pequeños pasen unas fiestas felices.
- Sí. 
- Y hasta hacen mucho teatro ¿verdad? El alcalde va a saludar a los Reyes Magos y su comitiva, la televisión hace reportajes especiales... todo para que los niños estén contentos.
- Sí.
- Bueno, cariño, ya tienes siete años y estás descubriendo muchas cosas. Algunas de ellas son más bonitas cuando se es pequeño, pero, lo importante es  que te estás haciendo mayor.
- Ya sé lo que haré este año para San Nicolás... -me interrumpe- Como papá y mamá me hacían ponerle al lado de la chimenea una zanahoria, galletas y una cerveza, y se lo tomaban ellos, pues este año pondré garbanzos, que a mamá no le gustan, ¡y se los tendrá que comer!
- ¡Buena idea! ¡y nada de galletas ni cerveza! ¡agua!
Y es que todas las cosas tienen su lado positivo... Dicen.

                    

domingo, 12 de febrero de 2017

La secretaria amable



y un secretario muy borde


Perdí mi credibilidad en el despacho del notario, toda. Y de la manera más tonta.
Por una cuestión familiar, tuve que llevar un día unos papeles al despacho del notario. Me abrió la puerta de aquél lúgubre  piso un tipo alto y un poco siniestro, que, no sé por qué, desde el primer momento me dio la impresión de que en sus ratos libres era taxidermista. El caso es que, tampoco sé por qué, ese escalofrío que me dio al mirar la figura del probable taxidermista, me trajo a la memoria la última vez que había estado allí, cuando, estoy casi segura, me había atendido una señorita muy amable que se llamaba Roser, así es que, por curiosidad y por hacerme un poco la simpática y romper el hielo, le pregunté al señor raro si había trabajado antes allí una señorita llamada Roser.
 
El tipo me miró con atención, interrogándose para adentro lo que le pareció oportuno, pero, desde luego, sin dignarse sacar nada para afuera, y contestó categórico:
- No, aquí no ha habido ninguna señorita Roser.
Nada más oír eso, estuve segura de que sí, que había habido una Roser y de que si no estaba en ese momento por algo sería, como por ejemplo, que él la hubiera descuartizado.
Este pensamiento sin consistencia alguna, fue tomando forma y al medio minuto de haberlo esbozado se presentaba en mi cabeza como si fuera una situación vista y oída, vamos, vivida. Por un momento, yo misma me maravillé de mi clarividencia, de cómo había detectado al asesino monstruoso nada más verlo y su horrible crimen. Y fui más lejos en mis cavilaciones y corazonadas, llegando  a la conclusión de que si ya tenía identificado al asesino y a su víctima, sólo me faltaba descubrir el móvil que había conducido a aquella tragedia.
¿Por qué un monstruo semejante podía querer hacerle daño a una persona tan amable como a la pobre señorita Roser?
Había muchas probabilidades, desde luego: podía ser que él quisiera el puesto de trabajo que ella tan bien desempeñaba; o, quizás, él se había enamorado de ella pero ella le rechazó; o él se había aprovechado de un cliente en apuros (¡se conocen tantas, historias en una notaría!), y ella descubrió el negocio turbio que se llevaba entre manos y lo iba a denunciar al notario… o ¡quién sabe! igual el nuevo empleado trabajaba en connivencia con el notario y ella quiso denunciarlos a los dos y él se adelantó a acabar con ella en una especie de defensa propia…
Bueno, estaba claro que si quería resolver ese caso, lo que se necesitaban eran pruebas, no conjeturas. Tenía que desenmascarar al asesino y ¡vive Dios que lo haría!
Lo primero que se debía hacer en una situación así, era transmitirle al sospechoso cierta inseguridad, que supiera que sabíamos lo que había hecho, que se diera cuenta que era acosado, que estaba en observación. ¿Por quién? Por mi, evidentemente. Y no es broma, que como dice el dicho chino, o japonés, “nadie hay tan pequeño que no pueda arañar” y por muy poquita cosa que yo fuera, estoy segura que él intuiría que tenía enfrente una rival de armas tomar. Bastaba hacerle notar mi determinación y fuerza, quizás esa presión le haría cometer algún desliz….
Movilicé mis X kilos de la silla, me puse erguida con calma, miré unas fotos que había en la pared y di una media vuelta rápida, enfocándome completamente delante del presunto, que sentado detrás de un mostrador de madera, fingía mirar unos papeles, mientras me lanzaba miradas intermitentes.
- Perdone – le dije- así pues… - intercalé una pausa para aumentar la tensión- Vd. dice que no ha trabajado aquí la señorita Roser…
- No, no ha habido ninguna señorita Roser.
- Me acuerdo perfectamente de ella –añadí, clavando mi mirada en sus gafas, porque hasta los ojos no llegué- era una persona muy amable.
Silencio, el tipo raro no decía nada, debía estar encajando el mensaje. Al final, después de mostrar cierto desconcierto, volvió a mirar sus papeles. No digo “concentrarse” en ellos, porque era evidente que estaba rumiando mis palabras. ¡Vale! ¡vamos por buen camino!, me dije a mi misma, se está poniendo nervioso, muy nervioso diría yo.
Al cabo de unos minutos, que le debieron parecer interminables porque yo no le quitaba ojo de encima y lo notaba tenso, se levantó y fue hacia una de las salas. Volvió al poco rato con unos papeles en la mano.
- Dice el señor notario –me comunicó- que lleve Vd. estos documentos al despacho de su abogado para que acabe de completar el dossier y, cuando ya lo tengan todo, nos los vuelvan a hacer llegar.
- ¿Qué falta ahora? - pregunté
- El abogado se lo explicará.
Como recordé que el bufete del abogado estaba bastante cerca de allí, fui directamente. Nada más llamar a la puerta, salió a abrirme su secretaria, la señorita Roser.
-¡Ah! ¡que sorpresa! (se me escapó)- ¡Está Vd. aquí! ¡que alegría! –le dije
- Hola, Sra. Torres, cuanto tiempo sin verla. ¿Ya ha ido al notario a llevar el informe que preparamos?
- Sí, pero me han dicho que necesito otro documento, aquí se lo explica –le dije alcanzándole los papeles.
Después de abrir un sobre cerrado, que parecía lo último añadido al dossier, la señorita Roser, que lucía su mejor sonrisa, pasó su mirada por encima del texto y, de repente, su expresión risueña se transformó en una especie de mueca, como la cara de una muñeca horrible.
- ¿Qué me falta llevar ahora? - le pregunté
- Un informe del psiquiatra, en el que certifique que Vd. no tiene ningún trastorno mental…
¡El imbécil del taxidermista! ¡eso era jugar sucio! Casi estuve a punto de lanzarme al cuello de la pobre señorita Roser y apretarlo con fuerza, a ella,  que era tan amable y no tenía la culpa de nada.
En aquél momento, decidí no parar hasta desenmascarar a aquél monstruo, a aquella mente fría y maquiavélica, aunque... bien pensado... ¿de qué le iba a acusar? ¡ya no había víctima ni móvil, ni, consecuentemente, asesino! 
(Creo que la que suscribe debería estar un tiempo sin ver la tele...).