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viernes, 21 de julio de 2017

El frutero se vuelve violento



Y los sueños, sueños son



Siempre he pensado que los sueños son un regalo que nos ofrece la vida. Gracias a ellos podemos movernos por un mundo donde todo es posible, lo que nos permite hablar con seres queridos que llevan décadas muertos, corretear por las casas donde vivimos cuando fuimos niños y disfrutar de muchas cosas, como si aún fuéramos inocentes. 
A pesar de estas maravillas que ofrecen los sueños, he de confesar que me están empezando a dar miedo. Sí, andan muy descontrolados últimamente, no sé que les pasa. Igual es culpa de la enfermedad, o de los medicamentos, de la edad, o de las series de la tele, no lo sé, pero los sueños me están desbordando.
Esta noche resulta que estaba yo en la frutería que tengo cerca de casa, a la que voy todas las días, y que regenta un chico muy amable y tranquilo (no digo la nacionalidad para evitar cualquier interpretación malintencionada). En el sueño, sin que viniera a cuento, de repente, ha agarrado unas esposas y ha atado a una de sus clientas, (entradita en kilos y en años) a una caja de sandías. Es decir, que el tío ha inmovilizado la mano de una señora en una esposa, mientras ponía la otra arandela de la esposa en la mencionada caja de sandías. La conversación ha sido surrealista:
- Pero, ¡por Dios! ¿QUE HACE? si yo no he hecho nada! acababa de entrar en la tienda...
- Pero lo iba a hacer, señora, que la conozco y sé lo que iba a hacer... (le ha replicado el tendero a dos centímetros de la cara de la pobre mujer, mientras la miraba muy fijo)  ¡Y LA FRUTA NO SE TOCA! (le ha berreado).
La pobre mujer estaba a punto de llorar, e insistía.
- Pero ¡por Dios! ¡suélteme! si parezco una ladrona así atada... Mire, que no puedo estar mucho rato de pie porque me tengo que operar de la cadera...
Mientras la mujer hablaba, me ha entrado el pánico, porque sí, yo soy una clienta de las que tocan la fruta, desde los aguacates a los melocotones pasando por las judías verdes... ¿qué debo hacer? ¿qué puedo hacer para no acabar inmovilizada como aquella mujer? ¿pagar los productos que ya he seleccionado y hacer un mutis lo más rápido posible o ponerme a correr directamente? ¿Y si salgo corriendo y me ataca el hombre por detrás, por ejemplo tirándome un coco a la cabeza? ¿Qué hago, por Dios, qué hago?
 De repente me doy cuenta que el frutero está hablando conmigo: 
- ¿Eso es todo lo que quiere, señora?
- Sí, gracias (le he dicho por no entrar en detalles, porque ¡quería tantas cosas! como por ejemplo no hacer el ridículo, como la pobre señora que estaba gritando blandiendo el monedero con su mano libre:
- ¡Socorro! -gritaba ella ya en plan melodramático total- ¡Ayuda! ¡Que me suelte! ¿Por qué a mi, Dios mío?
En mal momento se ha cuestionado ésto la clienta atada, porque el hombre ha reaccionado con prontitud: ha agarrado a una viejecita menuda que estaba entrando en el establecimiento y sin que yo sepa de dónde las ha sacado, ha enchufado una esposa en la delgada mano de la anciana y con la otra, la ha inmovilizado enganchándola a una caja de melones... ¡No me lo podía creer!
- Doce cincuenta -me ha dicho a mi el tendero.
- Se lo doy suelto -he pagado, he pillado mi bolsa con la fruta, he intentado esquivar la mirada de la primera esposada y su mano, armada con el monedero que quería atizarme en el brazo, probablemente para llamar mi atención, y he salido de aquella especie de tienda mazmorra lo más dignamente posible.
Después de andar unos pasos por la calle, me he despertado, pero la pesadilla continúa todavía: ¿cómo he podido hacer una cosa así? ¿por qué no le he cuestionada nada al chico de la tienda? ¿por que no he llamado a la policía? ¿porque no me he dignado mirar a aquellas víctimas? ¡Dios mío! SI UN DÍA SE ENTERAN MIS NIETOS ¿CÓMO ME JUSTIFICARÉ de tanta cobardía? ¿Qué podré decirles para que me sigan queriendo? ¿o no soy culpable de nada? al fín y al cabo, uno no es responsable de lo que sueña, ¿pero he soñado eso por algo...? ¿es mala conciencia...? 
A ver si esta noche sueño algo más divertido...

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