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viernes, 24 de marzo de 2017

En el aeropuerto. PM-1



Situación equívoca


Me equivoqué al elegir este vuelo de las 9 de la mañana, no tiene ningún sentido que me haya tenido que pegar semejante madrugón… Claro, cuando vi un vuelo que salía a las 9 pensé, ese está bien, es una hora razonable, pero aunque la hora de salida lo fuera, la hora a la que me he tenido que levantar, no. ¡A las 6.45 me he tenido que pedir el taxi! Y LEVANTARME, A LAS 6. Ahora estoy que no me aguanto ¡que poco me gusto! Pudiendo elegir, elijo lo peor, es una tendencia en mi.
¿Qué puedo hacer? Estoy desde hace media hora sentada aquí en la sala de embarque para ir a La Coruña y aún me falta una hora de espera ¡no puedo más! Me duele la pierna de la trocanteritis y la de al lado, debe ser por solidaridad… Me duele la espalda, y el final de la espalda según se mire (pero digamos que me refiero a aquella parte que está más alejada de la nuca), y me resulta difícil mantenerme sentada, no encuentro la posición. Si al menos hubiera algún responsable de la compañía, le diría que me ayudara, pero no hay nadie, ni los pasajeros han llegado todavía.
Bueno, hablando de pasajeros, allí veo uno, El sí que vive feliz, ¡míralo allí tumbado ocupando tres butacas! Y durmiendo, sin preocupaciones de encontrar la postura correcta. ¡Ya me gustaría a mi poder tumbarme…!
¡Alto! ¡esto es importante! ¿POR QUÉ PUEDE TUMBARSE ÉL Y NO UNA SERVIDORA? Repito ¿por qué él sí y yo no?¿dónde está escrito que él, por ser joven tiene unos privilegios que yo no merezco? ¿o es porque él es chico y yo chica, digo, señora mayor? Es igual, yo no puedo más, tengo que elegir entre tumbarme en las butacas o por el suelo, esto es la guerra, así es que opto por las butacas en un primer intento.
Se ve que nada más tumbarme me quedé frita, me dormí en el acto. Pero, no habrían pasado unos minutos (quizás más) cuando me desperté sobresaltada ¿cómo no iba a estarlo? Un montón de personas revoloteaba en torno mío. Unas me daban palmaditas en las mejillas, con más o menos gracia y fuerza; otras me levantaban los brazos lentamente para dejarlos caer a lo bruto... Había hasta quien se contentaba con agarrarme la pierna por el zapato, para mover los pies haciendo círculos.
Todas estas maniobras gestuales venían acompañadas de palabras sin sentido: “Señora, señora, despierte ¡no está sola!”, “¡Abra los ojos! ¡ánimo!” y cosas por el estilo. Lo que más me sobresaltó es cuando dijeron “Ahora viene un médico, tranquila, la van a atender”…
En cuanto tuve alguna autonomía de movimiento, eché una mirada al joven que se había pegado la siesta tumbado tan ricamente sin que nadie le dijera nada. Ocupaba el mismo sitio,  estaba con los pies encima de la butaca, sin calcetines, haciendo lo que le daba la gana y sin que nadie se metiera con él. No hay derecho.
Alguien podrá pensar que esto es un caso de discriminación positiva, pues la gente se preocupa por una señora mayor ¡error! Simplemente se supone que a mi edad he tenido que aprender a aguantarme y comportarme y se espera que lo siga haciendo hasta el final de mis días, y no se concibe otro comportamiento para mi, muy diferente del que se les exige a otros... a quienes se les justifica todo porque son jóvenes.
Meditaciones aparte, voy a concentrarme en lo que le tengo que contar al médico para que no haya hecho el paseillo hasta mi en vano, y que no encuentre ningún inconveniente en que me suba al avión que me llevará a La Coruña, ¡tengo que ver a mi nieto!  


viernes, 17 de marzo de 2017

Besitos


Técnica

Ayer por la tarde regresé a casa después de haber estado unos días con mi nieto pequeño, que acaba de cumplir 11 meses. Y lo primero que hice, fue llamar a mi hija, para decir que ya estaba en casa. Hablé con mi supernieto:
- Hola, cariño, ya tenía ganas de hablar contigo. ¿Estás bien? Ya sabes que he estado con tu primito, está muy gracioso, y ya se quiere poner de pie todo el rato -le dije.
- Y ¿te ha dado besitos?
- Hombre, besitos besitos no, arrimaba la cabecita y se dejaba dar.
- Es que a mi me dio uno con sus labios.
- ¡Que enchufado! pero ¿seguro que te dio un besito?
- ¡Sí! ¡seguro! vino con la boca cerradita y me dio el beso. ¿Quieres que te diga la técnica para que te de besos?
- Vale, dímela.
- Primero juegas con él, para que se habitúe a estar contigo, y luego tú le das besitos, para que aprenda cómo se dan, y después, él también quiere hacer lo mismo y si te pones cerca, te lo da.
- ¡Que pena que no lo he sabido antes! hubiera podido probar... Bueno, la próxima vez que lo vea lo haré. Gracias por explicármelo. Te quiero mucho guapísimo.
- Yo también te quiero mucho, yaya.




jueves, 9 de marzo de 2017

El día "D"



de DESCUBRIMIENTO


Un día u otro tenía que pasar, y ha sido hoy. Mi queridísimo nieto, siete años recién cumplidos, me ha dicho por teléfono.
- Yaya, ya lo sé.
- ¿Qué sabes, guapito mío?
. Que los regalos de San Nicolás me los traen mis padres y los de Reyes tú - me ha dicho con rotundidad.
- ¿Estás seguro de lo que dices? - no quería precipitarme...
- Sí. Papá le ha dicho a mamá que ya podía decírmelo.
- ¿Te lo han dicho así de repente o lo has preguntado tú?
- Lo he preguntado yo.
- Y ¿cómo estás? ¿estás triste?
- Un poco, pero no importa.
- Aunque sean los padres o los abuelos los que compran los regalos, eso es bonito ¿verdad? los mayores se ponen de acuerdo para que los niños pequeños pasen unas fiestas felices.
- Sí. 
- Y hasta hacen mucho teatro ¿verdad? El alcalde va a saludar a los Reyes Magos y su comitiva, la televisión hace reportajes especiales... todo para que los niños estén contentos.
- Sí.
- Bueno, cariño, ya tienes siete años y estás descubriendo muchas cosas. Algunas de ellas son más bonitas cuando se es pequeño, pero, lo importante es  que te estás haciendo mayor.
- Ya sé lo que haré este año para San Nicolás... -me interrumpe- Como papá y mamá me hacían ponerle al lado de la chimenea una zanahoria, galletas y una cerveza, y se lo tomaban ellos, pues este año pondré garbanzos, que a mamá no le gustan, ¡y se los tendrá que comer!
- ¡Buena idea! ¡y nada de galletas ni cerveza! ¡agua!
Y es que todas las cosas tienen su lado positivo... Dicen.