Statcounter

sábado, 23 de junio de 2018

Sueño revelador


EL cementerio DE CASAS 


Sería una blasfemia decir que lo mejor de la vida son los sueños, pero hay que reconocer que los sueños nos proporcionan muy buenos momentos. Personalmente tengo que reconocer que hay veces, que me paso casi todo el día recordando una cosa que me ha impactado en un sueño. Y como tengo que escribirlo, para que no se me olvide, aquí estoy ya recordando el de hoy mismo, sin ir más lejos. Quiero puntualizar, para los expertos, que no ha sido un sueño que haya tenido durante la noche, sino el último sueño de la mañana, justo el que tenía antes de que alguien me haya despertado con un whatsApp...
Bueno, la cosa ha sido así: 

Estaba yo con un grupo de personas indeterminado e indefinido (no he identificado a nadie, o no me acuerdo) paseando tranquilamente por una especie de cementerio, donde cada hilera de tres o cuatro nichos verticales, formaban una especie de casita rematada por un tejadillo a dos vertientes. Había unas casas más anchas que las otras, y eran más o menos altas. Y todas ellas formaban calles y plazoletas, como si fuera un pueblo. En la superficie de aquellas losas, que representaban las  fachadas de las casas y donde se apreciaban puertas y ventanas, estaba escrito el nombre de la casa: "casa Manuela", "casa el Boticario", etc. con la fecha de la construcción del inmueble. Alrededor, por los márgenes de la fachada reproducida, había árboles genealógicos e hileras de apellidos, que aportaban información sobre la categoría y apellidos de las familias que las habían habitado y, lo que era muy curioso, también se podían ver dibujos y pinturas con temas alusivos al oficio al que se habían dedicado los dueños de la casa. Había una de ellas preciosa, de "casa el Cestero" con una orla de cestas, canastos, cestillos, etc. fantásticamente reproducidos, tan realistas que parecía que los mimbres estaban a relieve, aunque solo eran pinturas.
Se estaba muy bien allí, en aquél lugar apacible, y yo pensaba que era una idea maravillosa dedicarle tanta atención, darles tanta importancia a las casas, pues ellas también habían tenido una vida propia y habían sido parte importante en la de las personas que las habitaron. ¿No hay cementerios de perros?  pues más vinculación se tiene con el hogar donde uno ha vivido que con un animal, por mucho que lo hayas querido...
Y con estas reflexiones profundas y en aquél ambiente apacible y sereno, con pajarillos piando, flores silvestres y gente sonriendo, alguien, de repente, ha descubierto que en la parte inferior de la lápida, lo que representaba la fachada de las casas, estaba especificado cuánto había costado construirla, y cuánto se había pagado por el inmueble en las diversas transacciones inmobiliarias a la que se le había sometido (no muchas, a decir verdad, algunas de ellas nunca habían dejado de pertenecer a una determinada familia).
El caso es que, nada más empezar a hablarse de precios, billetes y monedas, el buen rollo de aquella visita cultural ha cambiado drásticamente. La gente abandonaba los confortables bancos donde se habían sentado a reposar y se acercaba a toda prisa a leer las cantidades que habían pagado sus abuelos por la casa que compraron y cuánto valdría en la actualidad, comparándola con el último inmueble vendido justamente ese mismo año en la misma calle... Se veía a las personas, con los ojillos semicerrados, concentrados en hacer cálculos, tasaciones, multiplicaciones y a la gente le cambiaba a cara a medida que iba descubriendo más números y cantidades y repasaban los datos de casas de su familia, de sus amigos, de sus vecinos... Estaban ávidos por tener toda la información posible, y cada vez se hablaban los unos a los otros más alto, con menos paciencia, con más agresividad en la mirada... Unos estaban envidiosos por lo que habían ganado unos conocidos, otros muy enfadados por lo que no habían conseguido ellos...   Los apacibles corderos se habían vuelto lobos hambrientos.
¡Que oportuna ha sido esta llamada! me han despertado, pero justo en la parte del sueño que ya no me gustaba.  
Descansen en paz las casas de nuestros recuerdos.