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domingo, 14 de abril de 2019

al descubierto




No es tan grave...

El lunes me desperté perezosa, cosa rara. Me levanté y me  fui a mirar por las ventanas del salón, desde donde se divisa más panorama. Estaba el día gris y, lo que es peor, soplaba un aire huracanado. Lo primero que me vino a la cabeza (en sentido figurado) fue el peluquín: no podía ponérmelo, no me aguantaría en su sitio, seguro que volaba... ¡vaya problema!
Pensé quedarme en casa, pero tenía que salir a hacer algunas gestiones (por no decir "recados", que suena muy doméstico). Además, según me dicen todos, me conviene salir, no es bueno quedarse todo el día en casa. Dicho esto, he de concentrarme para saber si salgo "con" o "sin"... Reflexiono un rato: mejor "con".., no, mejor "sin". Mejor "con"... y, al final,  va a ser "sin", porque si yendo por la calle me volara de repente la cabellera, sería algo muy ridículo,  parecería un chiste del "TBO". Es mejor salir sin.
Me arreglo lo que puedo, cojo el ascensor y salgo intentando esquivar las cámaras que han instalado en la entrada de mi casa.
Voy a la Caixa y, excepcionalmente el empleado que atiende al público está solo como la una (debe ser por el viento) y me mira sonriente al entrar, pero yo me refugio en el cajero automático, porque no soportaría que me observara de cerca. Quiero ir tan rápida, que me pongo un poco nerviosa con tanta tecla: que si transferencia a otra entidad, que si falta un número de cuenta, etc. Es igual, no se muy bien lo que he hecho pero lo que tenga que sonar sonará, yo abandono al automático y la entidad bancaria lo más rápidamente posible, me marcho y se acabó, no quiero que venga el empleado a preguntarme si necesito ayuda.
Voy a Correos, hay cinco ventanillas, y atienden en tres de ellas... ¡Dios mío! que me toque ir a la nº 5, así no me verán la cabeza por detrás los que están esperando sentados en los bancos... ¡No puede ser! justamente el letrero indica "número 48 a la 1" ¡me verán el cogote todo el rato! Hay que tomar una decisión: me acerco sonriente a la ventanilla y, de perfil, le digo a la chica "Me he he olvidado una cosa, vuelvo después". ¡Menos mal que he reaccionado a tiempo!
Tengo que ir al chino, y allí voy más relajada. No tienen lo que busco y salgo de la tienda un poco decepcionada. En la calle, un chico joven que viene de frente me mira muy atentamente. Lo primero que se me ocurre es que se ha dado cuenta de que me falta algo en la cabeza (y no digo por dentro..). Pero ¡que tonta soy! ¿por qué estoy tan obsesionada con este asunto? a lo mejor el pobre chico me mira sin verme, va pensando en sus cosas, sus problemas...¡Cielos! ¿Quéeeee es esto? ¡Soco....rro! ¡Socorro! 
En medio de una lucha cuerpo a cuerpo, me doy cuenta de que el "pobre chico" me ha abordado por detrás y pretende arrancarme o sacarme por donde pueda el bolso, que siempre llevo cruzado delante de mi, por seguridad. En ese momento, un coche frena delante de nosotros y, sin salir del interior, un joven nos hace una foto. Mientras tanto, llegan dos señores a ayudarme y el chico se escapa corriendo. 
A la mañana siguiente, en un periódico local, bajo el titular "A pleno día" aparecía la instantánea del robo fallido. En la foto se podía ver a una señora con los ojos en blanco, más bien calva, en actitud agresiva, mientras un joven hacía una maniobra de querer sacarle algo de la cabeza.
Mi cuñada ha comprado tres o cuatro ejemplares del periódico para enseñarlos a la familia y guardarlos de recuerdo... El tema me desborda y me duele, sobre todo cuando alguna conocida me ha dicho con segundas intenciones  "pues al principio no te reconocía"... 
Afortunadamente, solo ha quedado al descubierto un trozo de cuero cabelludo,  lo que yo pienso, todavía, sigue siendo solo asunto mío.